En el país de los ciegos el tuerto es rey…

La metáfora precedente viene al caso porque una encuestadora internacional acaba de difundir un trabajo en el que se califica a Uruguay conjuntamente con Chile como el país menos corrupto de América del Sur.
Según el organismo responsable de dicha encuesta basa este concepto no tanto en la existencia o no de corrupción, sino en la reacción del gobierno y la población ante la misma.
En este sentido es muy saludable la reacción de la población ante el acomodo y el amiguismo, dos de los vicios más frecuentes en este sentido. Vicios estos que han recorrido la escala de todos los partidos políticos que han estado en el poder y que felizmente ha sido uno de los motivos para que finalmente se los rechace.
En los años que tenemos siempre hemos asistido a la misma situación. El oficialismo obrando como si todo fuera justo, legal y “normal”, acomodando paulatinamente a amigos y correligionarios y muchas “premiando” a un correligionario fracasado con un cargo “de confianza”.
Pero no es de recibo argumentar que “siempre fue así” para llevar a la práctica el acomodo. Tampoco que no hay nada “ilegal” en esto, pero para nosotros no sólo es vergonsozo éticamente, sino que es inmoral y conste que no nos oponemos ni consideramos nada fuera de lugar que a una persona se la tome por su capacidad, por sus conocimiento y su preparación, así sea hermano, hijo o nieto de la autoridad que lo designa.
Es cierto y así lo hemos planteado en estas columnas que sería discriminatorio radiar de los cargos públicos a toda persona que por capacidad, preparación y conocimientos es sindicado como el capaz para un puesto. Pero en estos casos la persona debe demostrar más conocimientos incluso que cualquier otro conciudadano que no sea pariente.
Pero también han sido moneda corriente, los concursos arreglados. Tal es así que Mujica en su momento sostuvo que “los concursos se han vuelto la forma más frecuente de entrar por la ventana”, en referencia a los “concursos” arreglados de antemano y cuyos “ganadores” paradógicamente son conocidos amigos o correligionarios de algunos políticos.
Podremos tener cara de tontos, pero de ahí a que seamos tontos hay una gran distancia.
Esto vale para todos los partidos políticos, porque siempre ha sido así, y abundan los ejemplos, lo que no quiere decir que esté bien, todo lo contrario, seremos menos corruptos que otros pero ¡cómo serán esos otros!
A.R.D.







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