En medio del incendio no podemos impedir que haya daños

En estas columnas hemos dado a conocer nuestra opinión contraria a cualquier forma de difundir el consumo de la marihuana.
Nuestra opinión no es sólo obviamente contra la marihuana, sino contra cualquier tipo de droga, desde las denominadas “sociales”, como el alcohol y el cigarrillo, hasta las más pesadas por supuesto, en el entendido que lo mejor que podemos hacer por nuestros jóvenes es motivarlos, inculcarles lo lindo y beneficioso de una vida sana y saludable, que merece vivirse y disfrutarse sin necesidad de ningún “incentivo” extraño. Esta es una tarea preventiva e indudablemente la mejor forma de evitar que los niños y adolescentes sean captados por las drogas.
Nadie puede discutir que es la mejor forma de prepararlos para que sean capaces de zafar a cualquier tentación o invitación de quienes escondidos detrás del tráfico o usados por éstos, tienen por misión difundir el consumo de drogas.
Pero esta no es una película en blanco y negro. Existen muchos aspectos sociales que inciden en la conformación de la personalidad, las dificultades propias de una sociedad consumista y  materialista van alejando aquella posibilidad y acercando a los jóvenes a las garras de la droga.
Los niños abandonados, o descuidados por sus padres que priorizan otros logros antes que ellos, las familias disgregadas, la violencia doméstica son sólo algunos de estos elementos.
Esta es la realidad de nuestros días. Aquella posibilidad de prepararlos y prevenir para que no caigan en las drogas ya está lejana. Hoy estamos en medio del incendio. El consumo de diversas drogas ha proliferado y resulta innegable también su relación con los delitos más graves.
En este marco, el intento por combatir el comercio, el narcotráfico al menos a nivel de la marihuana puede ser interesante. Al menos creemos que si fracasara como medida paliativa para estos jóvenes consumidores todo indica que no sería un agravante, cuando mucho volveríamos a la misma situación inicial.
Seguramente existen otros riesgos, como es el crecimiento del número de consumidores. Es también un riesgo para quienes tienen una personalidad aditiva o proclive a caer en adicciones, como personas con baja autoestima, depresivas y similares, cuyo número, según las estadísticas es bastante alta en el país.
En definitiva, entendemos que esta audaz medida que está llevando a la práctica el gobierno, debería ser minuciosamente estudiada, tendiendo en cuenta experiencias a nivel de otros países que existen y son numerosas y las opiniones científicas y empíricas en la materia.
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Alberto Rodríguez Díaz

En estas columnas hemos dado a conocer nuestra opinión contraria a cualquier forma de difundir el consumo de la marihuana.

Nuestra opinión no es sólo obviamente contra la marihuana, sino contra cualquier tipo de droga, desde las denominadas “sociales”, como el alcohol y el cigarrillo, hasta las más pesadas por supuesto, en el entendido que lo mejor que podemos hacer por nuestros jóvenes es motivarlos, inculcarles lo lindo y beneficioso de una vida sana y saludable, que merece vivirse y disfrutarse sin necesidad de ningún “incentivo” extraño. Esta es una tarea preventiva e indudablemente la mejor forma de evitar que los niños y adolescentes sean captados por las drogas.

Nadie puede discutir que es la mejor forma de prepararlos para que sean capaces de zafar a cualquier tentación o invitación de quienes escondidos detrás del tráfico o usados por éstos, tienen por misión difundir el consumo de drogas.

Pero esta no es una película en blanco y negro. Existen muchos aspectos sociales que inciden en la conformación de la personalidad, las dificultades propias de una sociedad consumista y  materialista van alejando aquella posibilidad y acercando a los jóvenes a las garras de la droga.

Los niños abandonados, o descuidados por sus padres que priorizan otros logros antes que ellos, las familias disgregadas, la violencia doméstica son sólo algunos de estos elementos.

Esta es la realidad de nuestros días. Aquella posibilidad de prepararlos y prevenir para que no caigan en las drogas ya está lejana. Hoy estamos en medio del incendio. El consumo de diversas drogas ha proliferado y resulta innegable también su relación con los delitos más graves.

En este marco, el intento por combatir el comercio, el narcotráfico al menos a nivel de la marihuana puede ser interesante. Al menos creemos que si fracasara como medida paliativa para estos jóvenes consumidores todo indica que no sería un agravante, cuando mucho volveríamos a la misma situación inicial.

Seguramente existen otros riesgos, como es el crecimiento del número de consumidores. Es también un riesgo para quienes tienen una personalidad aditiva o proclive a caer en adicciones, como personas con baja autoestima, depresivas y similares, cuyo número, según las estadísticas es bastante alta en el país.

En definitiva, entendemos que esta audaz medida que está llevando a la práctica el gobierno, debería ser minuciosamente estudiada, tendiendo en cuenta experiencias a nivel de otros países que existen y son numerosas y las opiniones científicas y empíricas en la materia.

Alberto Rodríguez Díaz