Encontrar el camino correcto es tarea de todos

En estas columnas hemos planteado reiteradamente nuestra posición con respecto a la liberación del consumo de marihuana, aún cuando sea limitado, y más drásticamente también a cualquier medida que beneficie de alguna manera tanto el consumo como la comercialización de cualquier tipo de drogas.
Nuestros lectores tienen claro que no compartimos la liberación de la tenencia, consumo y producción de marihuana. No lo hacemos por el grado de nocividad que pudiera tener, alcance que es controvertido y discutido casi que por igual entre científicos que sostienen que es altamente nociva y quienes sostienen que es menos nociva que el cigarrillo.
Tampoco lo hacemos por una posición ideológica, sino por un concepto idealista que apunta a formar una juventud rica en valores, una juventud que se forme con un concepto de persona íntegra, sólida y solidaria y que sea la simiente de una comunidad humanista y responsable de todos sus integrantes.
En este concepto las drogas no tienen cabidad y no ignoramos que también el alcoholismo es una droga y por supuesto que tampoco lo admitimos, aunque hay que tener claro que una cosa es el consumo esporádico de bebidas alcohólicas y otro el consumo permanente y a diario más allá de los límites razonables.
El tabaco también lo es y el Uruguay ha sido capaz de sacudírselo de encima, al punto tal que hoy quienes fuman -sólo pueden hacerlo en la vía pública – es un porcentaje muy bajo de pobladores.
Ahora bien, es  importante saber también que la droga entra fundamentalmente por el camino de la pobreza. Es cierto que en los niveles de poder adquisito más alto también se consume y por lo general la droga más cara, pero en lo s barrios más humildes la pasta base de cocaína, que debería llamarse la borra de cocaína y otras drogas similares ingresan, porque la venta de droga es una forma rápida de hacerse con algo de dinero.
Es que estas familias, generalmente sin trabajo o jóvenes que han desertado de la escuela o el liceo, se encuentran en un callejón sin salida. Pretender que dejen esta situación para  encaminarse, es casi una utopía. No pretendemos justificar, que decidan meterse en la droga, porque vendiendo la porquería se hacen de algunos pesos que de otra manera les es imposible. Sería necio ignorar la situación.
Si queremos alcanzar una salida para todos los que estén aún a tiempo de salir, y fundamentealmente para las generaciones que vienen de atrás, hay dos planos de medidas a encarar. En primer lugar, saber que quienes ya han caido hasta el fondo deben esperar una ayuda casi  milagrosa, porque será lo único capaz de rescatarlos y la sociedad tiene que aprender a manejarse frente a ellos, que poco o nada les importa siquiera su vida y menos la de los demás.
En segundo lugar tenemos que apuntar a que los niños que hoy vienen de atrás, no se encuentren con la misma situación, con las mismas condiciones que ha tenido la actual generación de jóvenes.
Para esto el único camino factible es el de la solidaridad y la responsabilidad social, porque la represión y la sanción, a lo sumo enlentecerán el proceso y nada mas y lo primero a entender es que todos tenemos algún grado de responsabilidad en el tema.
Alberto Rodríguez Díaz
En estas columnas hemos planteado reiteradamente nuestra posición con respecto a la liberación del consumo de marihuana, aún cuando sea limitado, y más drásticamente también a cualquier medida que beneficie de alguna manera tanto el consumo como la comercialización de cualquier tipo de drogas.
Nuestros lectores tienen claro que no compartimos la liberación de la tenencia, consumo y producción de marihuana. No lo hacemos por el grado de nocividad que pudiera tener, alcance que es controvertido y discutido casi que por igual entre científicos que sostienen que es altamente nociva y quienes sostienen que es menos nociva que el cigarrillo.
Tampoco lo hacemos por una posición ideológica, sino por un concepto idealista que apunta a formar una juventud rica en valores, una juventud que se forme con un concepto de persona íntegra, sólida y solidaria y que sea la simiente de una comunidad humanista y responsable de todos sus integrantes.
En este concepto las drogas no tienen cabidad y no ignoramos que también el alcoholismo es una droga y por supuesto que tampoco lo admitimos, aunque hay que tener claro que una cosa es el consumo esporádico de bebidas alcohólicas y otro el consumo permanente y a diario más allá de los límites razonables.
El tabaco también lo es y el Uruguay ha sido capaz de sacudírselo de encima, al punto tal que hoy quienes fuman -sólo pueden hacerlo en la vía pública – es un porcentaje muy bajo de pobladores.
Ahora bien, es  importante saber también que la droga entra fundamentalmente por el camino de la pobreza. Es cierto que en los niveles de poder adquisito más alto también se consume y por lo general la droga más cara, pero en lo s barrios más humildes la pasta base de cocaína, que debería llamarse la borra de cocaína y otras drogas similares ingresan, porque la venta de droga es una forma rápida de hacerse con algo de dinero.
Es que estas familias, generalmente sin trabajo o jóvenes que han desertado de la escuela o el liceo, se encuentran en un callejón sin salida. Pretender que dejen esta situación para  encaminarse, es casi una utopía. No pretendemos justificar, que decidan meterse en la droga, porque vendiendo la porquería se hacen de algunos pesos que de otra manera les es imposible. Sería necio ignorar la situación.
Si queremos alcanzar una salida para todos los que estén aún a tiempo de salir, y fundamentealmente para las generaciones que vienen de atrás, hay dos planos de medidas a encarar. En primer lugar, saber que quienes ya han caido hasta el fondo deben esperar una ayuda casi  milagrosa, porque será lo único capaz de rescatarlos y la sociedad tiene que aprender a manejarse frente a ellos, que poco o nada les importa siquiera su vida y menos la de los demás.
En segundo lugar tenemos que apuntar a que los niños que hoy vienen de atrás, no se encuentren con la misma situación, con las mismas condiciones que ha tenido la actual generación de jóvenes.
Para esto el único camino factible es el de la solidaridad y la responsabilidad social, porque la represión y la sanción, a lo sumo enlentecerán el proceso y nada mas y lo primero a entender es que todos tenemos algún grado de responsabilidad en el tema.
Alberto Rodríguez Díaz






El tiempo

Ediciones anteriores

septiembre 2018
L M X J V S D
« ago    
 12
3456789
10111213141516
17181920212223
24252627282930

  • Otras Noticias...