Entre el compromiso solidario y el abuso del Estado

El delgadísimo hilo existente entre la solidaridad comunitaria y la abusiva imposición del Estado confluyen en el tema que nos ocupa hoy.
Los planes anunciados por el gobierno nacional para poner en práctica nuevos porcentajes de descuentos de los sueldos del Impuesto a la Retribuciones a las Personas Físicas (IRPF) han levantado una ola de protestas, en algunos casos exageradas, pero en la gran mayoría muy razonables y acordes a los cuestionamientos que se le formulan.
Nos explicamos. Somos partidarios del rol solidario del Estado. Esto es, los planes que se ponen en práctica, por ejemplo para apoyar a los estudiantes mediante becas, los costos de la salud, la asistencia a los niños de corta edad y demás, son entendibles y además se justifican, siempre y cuando estén debidamente estudiados y planificados.
Cuando se concurre en apoyo a los más desposeídos -siempre y cuando se lo haga con límites debidamente determinados y las necesarias contrapartidas, sobre todo respondiendo a determinados controles – entendemos que es aceptable, entendible. Sin embargo el propósito de estos planes debe ser la motivación y promoción de la persona hasta que esta con un esfuerzo apoyado desde el Estado logre salir de su situación de necesidad e insertarse en la comunidad.
Si no se establecen límites sensatos y precisos se transforma en un asistencialismo, no sólo injustificado y dañino, que promueve la holgazanería, sino esencialmente injusto para con quienes trabajan o se han preparado para desempeñarse en la vida en mejores condiciones y de alguna manera ven que deben solventar a aquellos.
Esta es la cuestión. ¿En qué medida estamos hoy ante un caso de abuso o un caso de necesidad extrema que requiere también de esfuerzo extremo?
Esto sólo puede entenderse cuando atrás, quien promulga medidas como la que hoy nos ocupa, es un Estado ordenado, cuidadoso de sus recursos y sobre todo sensato para no castigar indebidamente a quienes asumen sus compromisos con la debida responsabilidad.
Así están las cosas. Hoy nos encontramos con una reacción generalizada en la que confluyen varios aspectos de esta situación.
En primer lugar, se cuestionan las medidas, entendiendo que no se ajustan a la realidad que vivimos los uruguayos, con la existencia de importantes dificultades económicas.
Se cuestiona asimismo la implementación del aumento de los descuentos por IRPF, porque en algunos casos no son equitativos, sobre todo en lo que paga alguien que apenas ingresa a una franja gravada, frente al que no paga porque si bien se aproxima a la misma no llega a cruzarla.
En estos casos quien apenas ingresa a la franja tiene una rebaja de sueldo y pasa a ganar menos –en el bolsillo – que quien no llega a la franja, por más próximo que esté.
Son sólo algunos de los cuestionamientos, pero en el fondo, existen varios más, que predicen un fuerte rechazo a este proyecto, al menos en su concepción original.
Alberto Rodríguez Díaz