Entre el derecho y el sentido común

La problemática de las inundaciones no es sencilla y sustancialmente radica en que aprendamos a convivir con el río,
Sabedores de todos los desajustes que esto supone, en cuanto a que no sólo debemos tener en cuenta los vaivenes cíclicos de la naturaleza, sino también aquellos desajustes que causamos nosotros mismos con una conducta impropia y desaprensiva, debemos asumir también que el riesgo de estas violentas manifestaciones de la naturaleza se multiplica.
Lo primero a tener en cuenta para encarar el problema sobre todo de vivienda que supone vivir en predios que alguna vez pueden ser anegados por la crecida de ríos y arroyos, es que no se debería hacerlo en forma coercitiva, de “shock”, sino tras una paciente labor de convicción y de demostración de los contratiempos que supone vivir en esas condiciones.
Sólo quienes viven una situación de esta naturaleza, saben lo que supone lo que supone de ventajas y desventajas.
Entre las ventajas, que seguramente las tiene está el hecho que por o general estas zonas están cercanas al centro, es decir que están próximas a todos los servicios que supone en cuanto a atención sanitaria, a las oficinas públicas, centros de educación y demás.
Muchas veces las personas que viven en estos lugares tienen también organizada su vida tomando como centro de su actividad precisamente la cercanía con el lugar donde desarrollan algún de actividad.
También hay que admitir que es muy diferente la situación de acuerdo a la cota en que llegue la inundación o al menos esto es lo que siempre tienen en cuenta las familias que viven esta situación para argumentar su decisión de permanencia en la zona.
Nos explicamos. Es muy diferente la situación de quienes viven en cota 15, o superior a esta, a la de quienes viven en cota 12, que es la cota de seguridad. En el primero de los casos, la posibilidad de que llegue la inundación es muy baja, al punto que la situación se da cada muchos años. No recordamos por ejemplo, que el puente “nuevo” -tiene en realidad alrededor de 35 años – haya sido inundado más de unas seis veces desde que se inauguró y está precisamente a cota 15.
En cambio quienes se asientan -porque no es permitido hacerlo ni vender ni comprar predio alguno por más que sea privado – por debajo de la cota de seguridad (12 metros), son frecuentemente desalojados por el agua.
Estos aspectos son algunos de los que explican porque los desalojados por el agua prefieren muchas veces seguir corriendo el riesgo de inundación, antes que irse a vivir en otro lado, así se les proporcione una vivienda digna.
En definitiva, hay una larga y ardua tarea a realizar para aprender a convivir con el río.