Es hora de que lo entendamos

La violencia de las armas de fuego que ha ganado las calles de todo nuestro país, debe ser uno de los temas más recurrentes en estas columnas de opinión. Esta vez le ha tocado a un niño totalmente inocente y ajeno a la balacera que un par de individuos desencadenaron en el barrio capitalino de Casavalle. Las balaceras son hechos lamentablemente más frecuentes de lo que suponemos en varios barrios no sólo de la capital, sino también del Interior.
Es uno de los aspectos que hemos insistido que merecen sanciones más duras, porque nos consta que personas que han sido detenidas portando armas de fuego entre las pertenencias que llevaban, sólo pasan algunas horas a lo sumo en calidad de detenidos y luego son liberadas.
El hecho de no vincularlos a alguna acción concreta o de no haberlo detenido en “in fraganti delito” es uno de los principales obstáculos para incriminarlos con mayor rigor y además impedida de interrogar sin presencia de un abogado defensor, impide a la Policía obtener más información de estos individuos. Vale decir, que el porte de armas de fuego está lejos de ser un delito grave en nuestro país y cualquier excusa, como haberlas hallado tiradas o recibido de una persona desconocida para ser llevada a determinado lugar puede servir para escapar a la ley.
Hoy lloramos lo que le ha pasado a un niño de ocho años, caso extremo, pero también es lamentable cuando la víctima es otra persona, cualquiera sea su pasado o su presente, porque nadie tiene derecho a atentar contra la vida de nadie.
Y en este punto queremos hacer una salvedad que ya hemos incluido en comentarios anteriores. Cuando se considera que un hecho ha sido un “ajuste de cuentas” y la víctima tenía antecedentes policiales, no es menos grave. Nadie puede tomar la ley en sus manos, salvo aquellos actores a quienes la propia ley le ha conferido esta potestad. Hoy vemos que muchas veces nos hacemos los desentendidos y hasta “justificamos” de alguna manera cuando a raíz de estos hechos resulta baleado o incluso muerto una persona con antecedentes delictivos.
Es un error, no sólo porque una vez que alguien se acostumbra a cometer estos hechos con la mayor impunidad, puede hacerlos luego contra cualquier otra persona. No sólo como en el caso que nos ocupa que resulta víctima una persona totalmente inocente, sino esencialmente porque un país que se precie de tal debe cumplir y hacer cumplir las leyes que se ha impuesto para tratar de dar tranquilidad y orden a todos quienes aquí vivimos.
A.R.D.







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