Es hora de sacudirnos la modorra

Quienes vivimos la época de la dictadura militar que usurpó el poder en el país y se atribuyó la potestad de gobernar, desconociendo el legítimo derecho del pueblo a elegir a sus gobernantes, tenemos la obligación de mantener vivo el recuerdo de las arbitrariedades de esta época.

No se trata de venganza y rencor, sino de justicia.

Ciertamente que 40 años después de aquello, ya es hora de superar los hechos, de terminar con el bloqueo que sobre todo en los primeros años después de reconquistada la democracia nos impidió avanzar y liberarnos de esa pesada carga, temiendo siempre que los hechos pudieran volver a repertirse.

Es hora de ubicar a estos hechos nefastos en su lugar, lo que no quiere decir olvidarlos.

Uruguay pagó un precio muy alto por la salida democrática, más alto que el que se ha pagado en otros lados, aprobando la denominada Ley de Caducidad, que en los hechos consiste en una amnistía para quienes cometieron delitos en estos años.

De todas formas, mientras los usurpadores no paguen sus delitos ante la Justicia no habrá paz posible para ellos.

El pueblo uruguayo es el que debe impedir que haya olvido, que algún snobismo trasnochado clame por dejar de lado el reclamo de justicia, porque la historia indica que inexorablemente los pueblos que olvidan su pasado, vuelven a cometer los mismos errores.

uienes vivimos la época de la dictadura militar que usurpó el poder en el país y se atribuyó la potestad de gobernar, desconociendo el legítimo derecho del pueblo a elegir a sus gobernantes, tenemos la obligación de mantener vivo el recuerdo de las arbitrariedades de esta época.
No se trata de venganza y rencor, sino de justicia.
Ciertamente que 40 años después de aquello, ya es hora de superar los hechos, de terminar con el bloqueo que sobre todo en los primeros años después de reconquistada la democracia nos impidió avanzar y liberarnos de esa pesada carga, temiendo siempre que los hechos pudieran volver a repertirse.
Es hora de ubicar a estos hechos nefastos en su lugar, lo que no quiere decir olvidarlos.
Uruguay pagó un precio muy alto por la salida democrática, más alto que el que se ha pagado en otros lados, aprobando la denominada Ley de Caducidad, que en los hechos consiste en una amnistía para quienes cometieron delitos en estos años.
De todas formas, mientras los usurpadores no paguen sus delitos ante la Justicia no habrá paz posible para ellos.
El pueblo uruguayo es el que debe impedir que haya olvido, que algún snobismo trasnochado clame por dejar de lado el reclamo de justicia, porque la historia indica que inexorablemente los pueblos que olvidan su pasado, vuelven a cometer los mismos errores.