Ética: mucho para conversar todavía

«Los detalles aportados por Fabián Werner uno de los co-redactores del Código de Etica Periodística, nos fortalecen en la idea que se trata de una buena herramienta para quienes nos desempeñamos en el rubro, tanto a nivel periodístico, como a nivel empresarial, que de eso se trata, aunque no tenga más fuerza que la de ser “recomendaciones”. Esto es, sin fuerza legal, al menos explícita.
El Código de Etica es también un aporte en la línea de la democratización de las comunicaciones, porque la autorregulación es una forma precisamente de mantener determinada “conducta” periodística que aboga por el libre ejercicio de la profesión, siempre  y cuando se atenga a determinada normas, establecidas en un Código.
En el caso particular del Código de Etica periodística de APU, entendemos que se ha contemplado de buena forma los intereses directos que están en juego, es decir de los periodistas por una parte y de los editores y empresarios por otra.
Lo que se busca es darle al periodismo nacional determinado nivel de calidad que le permita armonizar estos intereses en aras de un bien superior, como es el interés del pueblo en general y el derecho a estar debidamente informado.
Si no se logra armonizar estos intereses adecuadamente, la posibilidad de conflicto estará siempre sobrevolando en cada caso.
Existe precisamente una especie de “limbo” entre ambos intereses que puede llegar a ser muy vidrioso, si no se entienden las cosas debidamente.
La denominada “cláusula de conciencia”, fuertemente debatida y si no estamos mal informados aún sin acuerdo, que protege al periodista y le protege en la reserva de sus fuentes, en caso en que considere que así se ha comprometido con ellas, como también en determinados casos al empresario o redactor a saber cuál es la fuente, para decidir si publica o no determinada información.
¿Cuál es el límite?. ¿Hasta dónde llega el derecho de uno y otro es es el punto.
En el fondo se trata de llegar a convenir una línea de acción en este sentido. En suma, todavía hay varios puntos en el tintero que habrán de ameritar otras tantas polémicas.
Es probable que la Ley de Medios actualmente a consideración del Parlamento, puede echar luz en algunos de estos puntos, pero necesariamente tendrá que discutirse aún bastante más para legitimar los puntos aún en discusión.

«Los detalles aportados por Fabián Werner uno de los co-redactores del Código de Etica Periodística, nos fortalecen en la idea que se trata de una buena herramienta para quienes nos desempeñamos en el rubro, tanto a nivel periodístico, como a nivel empresarial, que de eso se trata, aunque no tenga más fuerza que la de ser “recomendaciones”. Esto es, sin fuerza legal, al menos explícita.

El Código de Etica es también un aporte en la línea de la democratización de las comunicaciones, porque la autorregulación es una forma precisamente de mantener determinada “conducta” periodística que aboga por el libre ejercicio de la profesión, siempre  y cuando se atenga a determinada normas, establecidas en un Código.

En el caso particular del Código de Etica periodística de APU, entendemos que se ha contemplado de buena forma los intereses directos que están en juego, es decir de los periodistas por una parte y de los editores y empresarios por otra.

Lo que se busca es darle al periodismo nacional determinado nivel de calidad que le permita armonizar estos intereses en aras de un bien superior, como es el interés del pueblo en general y el derecho a estar debidamente informado.

Si no se logra armonizar estos intereses adecuadamente, la posibilidad de conflicto estará siempre sobrevolando en cada caso.

Existe precisamente una especie de “limbo” entre ambos intereses que puede llegar a ser muy vidrioso, si no se entienden las cosas debidamente.

La denominada “cláusula de conciencia”, fuertemente debatida y si no estamos mal informados aún sin acuerdo, que protege al periodista y le protege en la reserva de sus fuentes, en caso en que considere que así se ha comprometido con ellas, como también en determinados casos al empresario o redactor a saber cuál es la fuente, para decidir si publica o no determinada información.

¿Cuál es el límite?. ¿Hasta dónde llega el derecho de uno y otro es es el punto.

En el fondo se trata de llegar a convenir una línea de acción en este sentido. En suma, todavía hay varios puntos en el tintero que habrán de ameritar otras tantas polémicas.

Es probable que la Ley de Medios actualmente a consideración del Parlamento, puede echar luz en algunos de estos puntos, pero necesariamente tendrá que discutirse aún bastante más para legitimar los puntos aún en discusión.