Evitar el riesgo de aislarse

Los correos electrónicos, los mensajes de texto y similares, constituyen un formidable avance en materia de comunicación.
Más en nuestros días aún, el “twitter”  el “facebook” multiplican esas posibilidades y mejoran la comunicación en materia de tiempo, son más rápidas y más selectivas.
Sin embargo no todo es bueno. Las redes sociales, con su formidable aporte a la libre expresión, no dejan de ser una herramienta, que puede usarse bien o mal. Esto es lo que hay que tener muy claro.
Más allá del daño que puede provocar el mal uso de estas herramientas, digamos que existen otros daños, quizás los menos nocivos, pero igualmente atendibles.
En este orden debemos hacer hincapié en el daño que puede llegar a causar el mal uso de la ortografía. Los mensajes de texto y los correos electrónicos de la gente joven son realmente desastrozos, una persona adulta un “viejo” como gustan llamar ellos a las personas mayores a los 30 y pocos años, ya tiene dificultades para entender algunos de sus mensajes.
Esta “originalidad” de los jóvenes  lejos de ser inocente, esconde formas de comunicación, de aspectos temibles.
Nadie les ha hecho ver que de esta manera se están aislando. Su forma de comunicarse se reduce al ámbito local o nacional cuando mucho y por lo tanto, de continuar así difícilmente van a poder comunicarse aceptablemente por estas mismas vías con gente del exterior, que seguramente también tendrá otros códigos.
Pero más temible aún, algunos de estos sistemas de comunicación obligan a escribir en determinados caracteres, que significa  usar determinada cantidad de letras y espacios y no pasarse de esa cantidad.
Debidamente explicado y enseñado, este puede ser un buen sistema de sintetizar y de mejorar una redacción, pero llevado únicamente por el deseo de rapidez, que permiten los mensajes cortos, se termina atrofiando el lenguaje escrito.
Sabemos que hay defensores y opositores a los códigos de los jóvenes en esta materia. Por nuestra parte, entendemos que es lamentable ver como se atrofian las bases de la lengua materna que hemos adoptado.
Una de estas bases es precisamente la universalización. Vale decir que lo que se escribe en el Uruguay, o en Argentina, sea perfectamente entendible en Venezuela, en Bolivia, en Puerto Rico o en Cuba, por ejemplo, como ha sido hasta el momento.
De continuar por el camino del destrozo al lenguaje, seguramente llegará el momento en que será imposible entendernos entre nosotros mismos.

Los correos electrónicos, los mensajes de texto y similares, constituyen un formidable avance en materia de comunicación.

Más en nuestros días aún, el “twitter”  el “facebook” multiplican esas posibilidades y mejoran la comunicación en materia de tiempo, son más rápidas y más selectivas.

Sin embargo no todo es bueno. Las redes sociales, con su formidable aporte a la libre expresión, no dejan de ser una herramienta, que puede usarse bien o mal. Esto es lo que hay que tener muy claro.

Más allá del daño que puede provocar el mal uso de estas herramientas, digamos que existen otros daños, quizás los menos nocivos, pero igualmente atendibles.

En este orden debemos hacer hincapié en el daño que puede llegar a causar el mal uso de la ortografía. Los mensajes de texto y los correos electrónicos de la gente joven son realmente desastrozos, una persona adulta un “viejo” como gustan llamar ellos a las personas mayores a los 30 y pocos años, ya tiene dificultades para entender algunos de sus mensajes.

Esta “originalidad” de los jóvenes  lejos de ser inocente, esconde formas de comunicación, de aspectos temibles.

Nadie les ha hecho ver que de esta manera se están aislando. Su forma de comunicarse se reduce al ámbito local o nacional cuando mucho y por lo tanto, de continuar así difícilmente van a poder comunicarse aceptablemente por estas mismas vías con gente del exterior, que seguramente también tendrá otros códigos.

Pero más temible aún, algunos de estos sistemas de comunicación obligan a escribir en determinados caracteres, que significa  usar determinada cantidad de letras y espacios y no pasarse de esa cantidad.

Debidamente explicado y enseñado, este puede ser un buen sistema de sintetizar y de mejorar una redacción, pero llevado únicamente por el deseo de rapidez, que permiten los mensajes cortos, se termina atrofiando el lenguaje escrito.

Sabemos que hay defensores y opositores a los códigos de los jóvenes en esta materia. Por nuestra parte, entendemos que es lamentable ver como se atrofian las bases de la lengua materna que hemos adoptado.

Una de estas bases es precisamente la universalización. Vale decir que lo que se escribe en el Uruguay, o en Argentina, sea perfectamente entendible en Venezuela, en Bolivia, en Puerto Rico o en Cuba, por ejemplo, como ha sido hasta el momento.

De continuar por el camino del destrozo al lenguaje, seguramente llegará el momento en que será imposible entendernos entre nosotros mismos.







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