Evitar las demoras y situaciones de violencia innecesarias

l trato que reciben testigos y denunciantes en los pasillos de los juzgados actualmente es uno de los aspectos de mayor incidencia para las dificultades que expone la Policía cuando se trata de conseguir testimonios o denuncias concretas que puedan incriminar a los autores de delitos.
En más de una ocasión las condiciones de los propios juzgados llevan a  exponer a los testigos o denunciantes frente a los propios delincuentes por largas horas.  Si bien un alto porcentaje de las personas que están decididas a pelear por sus derechos no suelen amedrentarse, es una violencia innecesaria y una forma de facilitar precisamente la coacción del delincuente, explícita o implícitamente, sobre todo de los más peligrosos hacia quienes pueden ser sus vecinos o gente de su conocimiento.
Esto explica porque cuando se trata de personas vulnerables o en condiciones de vulnerabilidad, hoy día muy frecuente, es obvio que preferirán “no meterse”  por temor a las represalias.
La Justicia tiene que tener conocimiento fehaciente de cual es la situación, porque esto es parte del propio sistema. Cuando no hay testimonios, no hay pruebas fehacientes, los delincuentes quedan libre y por lo tanto no hay justicia.
La política del “no te metás” no surge de por sí, ni por comodidad del ciudadano, pero en los hechos, en la  mayoría de los casos, el hecho de denunciar un delito o de testimoniar lo observado, suele traer contratiempos, en los casos menores, pérdidas de tiempo, que estando dentro de lo razonable serían entendible, por el tiempo mismo que insume el proceso, pero el tema es que muchas veces estas esperas se extienden mucho más allá de lo razonable. Se transforman en días perdidos, en salarios perdidos y en una especie de castigo a quienes han tenido la decisión de contribuir con la Justicia.
En el peor de los casos, dentro del Juzgado mismo o en la puerta del mismo, se producen escenas de violencia o se “marcan” a los testigos para las consabidas represalias.
En los últimos tiempos las represalias más frecuentes, aunque quizás no de mayor violencia, son los consabidos apedreos, los daños contra la vivienda de personas que han contribuido con la Justicia, daños que nadie repara por supuesto y en la mayoría de los casos quedan impunes.
No ignoramos que en algunas ocasiones la exposición de los denunciantes y testigos es inevitable, también son inevitables las largas esperas y pérdidas de tiempo, pero por responsabilidad de todos quienes integran el sistema judicial, sería de desear que salvo excepciones, la Justicia recuperara su eficiencia, respetara los tiempos de los convocados y evitara las situaciones de riesgo innecesarias.
El trato que reciben testigos y denunciantes en los pasillos de los juzgados actualmente es uno de los aspectos de mayor incidencia para las dificultades que expone la Policía cuando se trata de conseguir testimonios o denuncias concretas que puedan incriminar a los autores de delitos. juzgado
En más de una ocasión las condiciones de los propios juzgados llevan a  exponer a los testigos o denunciantes frente a los propios delincuentes por largas horas.  Si bien un alto porcentaje de las personas que están decididas a pelear por sus derechos no suelen amedrentarse, es una violencia innecesaria y una forma de facilitar precisamente la coacción del delincuente, explícita o implícitamente, sobre todo de los más peligrosos hacia quienes pueden ser sus vecinos o gente de su conocimiento.
Esto explica porque cuando se trata de personas vulnerables o en condiciones de vulnerabilidad, hoy día muy frecuente, es obvio que preferirán “no meterse”  por temor a las represalias.
La Justicia tiene que tener conocimiento fehaciente de cual es la situación, porque esto es parte del propio sistema. Cuando no hay testimonios, no hay pruebas fehacientes, los delincuentes quedan libre y por lo tanto no hay justicia.
La política del “no te metás” no surge de por sí, ni por comodidad del ciudadano, pero en los hechos, en la  mayoría de los casos, el hecho de denunciar un delito o de testimoniar lo observado, suele traer contratiempos, en los casos menores, pérdidas de tiempo, que estando dentro de lo razonable serían entendible, por el tiempo mismo que insume el proceso, pero el tema es que muchas veces estas esperas se extienden mucho más allá de lo razonable. Se transforman en días perdidos, en salarios perdidos y en una especie de castigo a quienes han tenido la decisión de contribuir con la Justicia.
En el peor de los casos, dentro del Juzgado mismo o en la puerta del mismo, se producen escenas de violencia o se “marcan” a los testigos para las consabidas represalias.
En los últimos tiempos las represalias más frecuentes, aunque quizás no de mayor violencia, son los consabidos apedreos, los daños contra la vivienda de personas que han contribuido con la Justicia, daños que nadie repara por supuesto y en la mayoría de los casos quedan impunes.
No ignoramos que en algunas ocasiones la exposición de los denunciantes y testigos es inevitable, también son inevitables las largas esperas y pérdidas de tiempo, pero por responsabilidad de todos quienes integran el sistema judicial, sería de desear que salvo excepciones, la Justicia recuperara su eficiencia, respetara los tiempos de los convocados y evitara las situaciones de riesgo innecesarias.