Evitemos los excesos

Seguramente que las personas formadas académicamente podrán explicar con mayor propiedad las causas de la conducta humana, mejor dicho de estas “inconductas” y sobre todo lo que lleva a cometer desmanes tanto contra la propiedad pública como privada.
Seguramente también que existen explicaciones, motivaciones para que se obre de esta manera, pero jamás habrá argumentos que justifiquen tan detestable conducta.
No es nueva la lucha entre capital y trabajo, la denominada “lucha de clases” que intenta destruir todo lo que la sociedad ha construido y levantado para disfrutar ya sea a nivel público o como forma de organizarse para desempeñarse con total normalidad y todos los derechos propios que les concede la ley.
Tampoco es nueva la política que tiene como argumento la destrucción de todo lo que es el mundo organizado, entendiendo que todo se ha hecho mal y es injusto, por lo tanto -sostienen – hay que rehacerlo.
Más allá de esta pseuda justificación, que algunos hallan pertinente, es de reconocer que vamos cada vez peor por el camino del “hacé la tuya”, que significa entre otros aspectos que a la menor oportunidad podemos y debemos alzarnos con lo que encontremos a mano, sea de quien sea y de la forma que sea…
Ni que hablar que cuando se trata de manifestaciones masivas, motivadas por el tema que fuere, ya sea deporte, política, trabajo o similar, cualquier motivo sirve porque no es lo que a estos vándalos les sirve. Esto también es propio de los nuevos tiempos y los saqueos que se han producido en ocasión de caravanas populares así lo indican.
No hay medida alguna capaz de disuadir a los saqueadores, convencidos que no habrán de ser identificados, pese a que pruebas en contra hay y suficientes.
Los salteños debemos recordar permanentemente lo sucedido en Concordia cuando la Policía hizo una huelga y hubo gente, entre ella familiares de los propios policías que aprovecharon para saquear.
Muchos de ellos, tanto policías como familiares terminaron en prisión y por mucho tiempo.
No somos partidarios de arreglar las cosas con duros castigos, pero tampoco de dejar estas acciones sin castigar.
Resulta imprescindible conocer las motivaciones, saber por qué nos hallamos en estas encrucijadas y tratar de prevenirlas y sobre todo reducir a sus cultores, porque será siempre lo mejor que se pueda hacer.
Las manifestaciones pacíficas son propias de la democracia. Hacerlas sin dañar, solamente expresando puntos de vista o diferencia es lo correcto y robustece el sistema. Cuando sirven para cobijar excesos o intenciones delictivas se transforman en actos vandálicos que lejos de ser constructivos, dañan y destruyen.
A.R.D.







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