Explicable aunque inadmisible

La primera reacción humana es absolutamente entendible. Ante la malignidad no tanto del robo en si, sino de la destrucción que se practica contra una Escuela Especial, como es la 97 con una larga trayectoria de apoyo a niños con capacidades diferentes, la reacción es la de pedir penas más duras, ejemplarizantes para que esto no vuelva a suceder, para que no existan más de estos hechos vandálicos.
Estamos de acuerdo con que se pidan penas duras para quienes han cometido este tipo de acciones, pero esto no significa que creamos que la salida para que estos hechos no existan más sea precisamente este tipo de sanciones.
La cuestión va mucho más allá de esto.
La acción desarrollada por estos malvivientes, casi seguramente menores de edad, revelan mucho más que el simple deseo de robar y de obtener elementos, seguramente para malvenderlos luego.
Esta acción revela que más allá de eso existe una especie de rencor, de odio hacia otros estamentos de la sociedad, hacia quienes están cómodamente instalados en la sociedad. Para ellos sencillamente quien tiene trabajo, una vivienda y quizás una conducción y no se acuerda de la situación de ellos, en la mayoría de los casos huérfanos o hijos de padres desocupados, separados, cuando no encarcelados con poca o ninguna chance de cambiar su situación, es entendible que nos mire con cierto rencor.
La realidad indica que en estos casos, a las mujeres les queda casi que exclusivamente el camino de la prostitución y a los varones, los más despiertos, la delincuencia, porque los que no se animan a recorrerlo suelen tomar decisiones trágicas.
Lejos de nosotros pretender justificar las acciones vandálicas, sino que lo tratamos de explicar es que nos guste o no, estas acciones se repetirán mientras no queramos ver las causas, el origen de los problemas.
Decían nuestro mayores que cuando un árbol crece torcido es difícil enderezarlo, pero cuando se lo ayuda a crecer, poniéndole un tutor o un referente, entonces es más factible que se logre hacerlo, pero para esto hay que interesarse y comprometerse con un cambio de la realidad.
La Escuela 97 está enclavada casi frente a uno de los barrios más carenciados y de mayor mala fama que existen en la ciudad. Aunque no quisiéramos estigmatizarlo, esto indica que esta es la realidad y no se puede ignorarla.
Nos guste o no, para cambiarla necesitamos comprometernos y no siempre estamos dispuestos a hacerlo.
A.R.D.







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