Fátima: donde la ley y la Justicia deben volver a imperar

Antes que nada aclaremos que no somos partidarios de las manifestaciones masivas, porque en tumulto siempre es fácil dejarse llevar por “la manija”, por las reacciones impulsivas que alguien tira y otro recoge y agranda y así se llega a veces a acciones y posiciones totalmente descabelladas tanto o más violentas que las que originaron la manifestación.
Somos partidarios de las acciones silenciosas, serenas, meditadas y firmes.
Con este concepto, convenimos que hoy en la zona de barrio Fátima, pero también en varios lugares más, se van produciendo focos promovidos por personas violentas y vándalos que sintiéndose impunes tienen de rehenes a mucha gente de trabajo, de vida pacífica y tranquila que no pretenden otra cosa que no sea que se respeten sus derechos a vivir en paz.
Siempre fuimos acérrimos defensores de los derechos de los niños y adolescentes, porque generalmente su voz no llega a los medios masivos y en esta misma línea sencillamente preguntamos: ¿qué pasa con esas personas mayores que usan a sus hijos menores de edad como “escudo” ante la ley, los incitan a apedrear, a insultar, a agredir?. ¿No ve esto la Justicia?.
¿No tienen Derechos nuestros hijos y adolescentes apedreados y agredidos?
Que quede claro, compartimos plenamente la posición y las acciones de la gente que ha decidido sacudirse de encima el miedo, las amenazas y el riesgo que seguramente enfrenta al tomar esta posición, pero vale la pena porque no hay otra forma de tratar de recuperar lo que se ha perdido, que es el respeto a la ley a la Justicia.
Si no nos ponemos firmes en este aspecto, seguramente pronto tendremos situaciones similares a las favelas brasileñas o los villas miserias argentinas, donde manda el narcotráfico, o sencillamente los delincuentes que viven al margen de la ley.
Esto ha sido posible precisamente  porque cuando fueron surgiendo hubo mucha gente que miró para otro lado o se desentendió del tema, cuando no se hizo cómplice llevándose su tajada de los actos delictivos.
No es lo que quiero para mi ciudad, mis hijos, mis nietos y mi gente.
Alberto Rodríguez Díaz.

Antes que nada aclaremos que no somos partidarios de las manifestaciones masivas, porque en tumulto siempre es fácil dejarse llevar por “la manija”, por las reacciones impulsivas que alguien tira y otro recoge y agranda y así se llega a veces a acciones y posiciones totalmente descabelladas tanto o más violentas que las que originaron la manifestación.

Somos partidarios de las acciones silenciosas, serenas, meditadas y firmes.

Con este concepto, convenimos que hoy en la zona de barrio Fátima, pero también en varios lugares más, se van produciendo focos promovidos por personas violentas y vándalos que sintiéndose impunes tienen de rehenes a mucha gente de trabajo, de vida pacífica y tranquila que no pretenden otra cosa que no sea que se respeten sus derechos a vivir en paz.

Siempre fuimos acérrimos defensores de los derechos de los niños y adolescentes, porque generalmente su voz no llega a los medios masivos y en esta misma línea sencillamente preguntamos: ¿qué pasa con esas personas mayores que usan a sus hijos menores de edad como “escudo” ante la ley, los incitan a apedrear, a insultar, a agredir?. ¿No ve esto la Justicia?.

¿No tienen Derechos nuestros hijos y adolescentes apedreados y agredidos?

Que quede claro, compartimos plenamente la posición y las acciones de la gente que ha decidido sacudirse de encima el miedo, las amenazas y el riesgo que seguramente enfrenta al tomar esta posición, pero vale la pena porque no hay otra forma de tratar de recuperar lo que se ha perdido, que es el respeto a la ley a la Justicia.

Si no nos ponemos firmes en este aspecto, seguramente pronto tendremos situaciones similares a las favelas brasileñas o los villas miserias argentinas, donde manda el narcotráfico, o sencillamente los delincuentes que viven al margen de la ley.

Esto ha sido posible precisamente  porque cuando fueron surgiendo hubo mucha gente que miró para otro lado o se desentendió del tema, cuando no se hizo cómplice llevándose su tajada de los actos delictivos.

No es lo que quiero para mi ciudad, mis hijos, mis nietos y mi gente.

Alberto Rodríguez Díaz.







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