Francisco: una enorme esperanza

La elección del Cardenal Jorge Bergoglio como conductor de la Iglesia Católica en todo el orbe, ha sido una bendición para el mundo cristiano en general y un  mensaje que entraña una gran esperanza para el resto, en particular para los países de América del Sur que han visto en este primer Papa latinoamericano una enorme esperanza de que la mirada de la iglesia con mayor incidencia en esta parte del continente pueda volcarse con mayor detenimiento también hacia esta región.
Si tenemos en cuenta además las muestras de austeridad y de predilección por los pobres y los desamparados del mundo, que ha dejado en claro el Papa Francisco en sus primeras intervenciones en público, esta esperanza aparece como fuertemente enraizada en él.
Sobre todo hay un aspecto innegable, el nuevo Papa conoce muy bien la realidad de estos pueblos y el hecho de que haya dado claras muestras de este conocimiento y de su particular predilección por los pobres de la región, es un elemento esperanzador para todos.
Que algunos sectores  políticos y representantes de otros intereses hayan intentado ensuciar su imagen, acusándolo de diversas formas e incluso inventando fotos trucadas, es un indicio más de que temen que Francisco sea un obstáculo para sus acciones que mantienen la realidad injusta e injustificable que presentan los países de la región.
El nuevo Papa ha dado claras muestras también de su sencillez, de su sensibilidad, de su preocupación por la naturaleza y los recursos naturales que recibimos con el planeta tierra y hoy sufren muchas veces una explotación desmesurada que ponen en duda su preservación para las generaciones futuras y sobre todo de su preocupación por los pobres “cómo quisiera una Iglesia pobre…”, ha manifestado con mucha fuerza desde el principio.
Pero también ha pedido permanentemente que recemos por él. Esto es indicio de humildad y de una clara visión que Francisco sabe que él no podrá nada si no es con el pueblo de Dios, con los pobres, sus preferidos y con los que sufren toda clase de injusticia.
Seguramente que le espera un camino arduo, una labor llena de obstáculos y dificultades, dentro y fuera de la Iglesia, pero no tenemos duda que nadie como él conoce esta realidad y por lo tanto, tampoco nadie como él capaz de incidir en ella para acercarnos a un mundo más justo y ecuánime.
Por lo pronto, hoy tenemos, junto a los demás cristianos del mundo una enorme esperanza que se llama Francisco.
Como cristianos deseamos que Dios le ilumine para llevarnos hacia la senda del compromiso que Cristo nos marcó y para quienes no profesan nuestra misma fe, ojalá que hallen en la labor de Francisco un apoyo moral y humanista al menos para tener un mundo mejor.

La elección del Cardenal Jorge Bergoglio como conductor de la Iglesia Católica en todo el orbe, ha sido una bendición para el mundo cristiano en general y un  mensaje que entraña una gran esperanza para el resto, en particular para los países de América del Sur que han visto en este primer Papa latinoamericano una enorme esperanza de que la mirada de la iglesia con mayor incidencia en esta parte del continente pueda volcarse con mayor detenimiento también hacia esta región.

Si tenemos en cuenta además las muestras de austeridad y de predilección por los pobres y los desamparados del mundo, que ha dejado en claro el Papa Francisco en sus primeras intervenciones en público, esta esperanza aparece como fuertemente enraizada en él.

Sobre todo hay un aspecto innegable, el nuevo Papa conoce muy bien la realidad de estos pueblos y el hecho de que haya dado claras muestras de este conocimiento y de su particular predilección por los pobres de la región, es un elemento esperanzador para todos.

Que algunos sectores  políticos y representantes de otros intereses hayan intentado ensuciar su imagen, acusándolo de diversas formas e incluso inventando fotos trucadas, es un indicio más de que temen que Francisco sea un obstáculo para sus acciones que mantienen la realidad injusta e injustificable que presentan los países de la región.

El nuevo Papa ha dado claras muestras también de su sencillez, de su sensibilidad, de su preocupación por la naturaleza y los recursos naturales que recibimos con el planeta tierra y hoy sufren muchas veces una explotación desmesurada que ponen en duda su preservación para las generaciones futuras y sobre todo de su preocupación por los pobres “cómo quisiera una Iglesia pobre…”, ha manifestado con mucha fuerza desde el principio.

Pero también ha pedido permanentemente que recemos por él. Esto es indicio de humildad y de una clara visión que Francisco sabe que él no podrá nada si no es con el pueblo de Dios, con los pobres, sus preferidos y con los que sufren toda clase de injusticia.

Seguramente que le espera un camino arduo, una labor llena de obstáculos y dificultades, dentro y fuera de la Iglesia, pero no tenemos duda que nadie como él conoce esta realidad y por lo tanto, tampoco nadie como él capaz de incidir en ella para acercarnos a un mundo más justo y ecuánime.

Por lo pronto, hoy tenemos, junto a los demás cristianos del mundo una enorme esperanza que se llama Francisco.

Como cristianos deseamos que Dios le ilumine para llevarnos hacia la senda del compromiso que Cristo nos marcó y para quienes no profesan nuestra misma fe, ojalá que hallen en la labor de Francisco un apoyo moral y humanista al menos para tener un mundo mejor.







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