¡Gracias!, por el bendito país que nos legaron

“Los pueblos que olvidan su pasado están condenados a repetir sus errores”, decía el español George Santayana y seguramente que no le faltaba razón en lo que sostenía.

Es que los denominados “sueños del futuro”, que apuntan a un desarrollo venturoso, a un porvenir mejor que el actual, no tienen posibilidades de llegar a ser exitosos si no están enraizados en la historia.
Los pueblos no han surgido por generación espontánea y lo más frecuente, al menos en nuestra América, es que cada uno de ellos arrastre tras de sí una historia de sangre y dolor, propia de los albores de la patria.
De allí que recordar la gran lección uruguaya del 30 de noviembre de 1980, día del que hoy se cumplen 35 años, es una cita ineludible.
Un pueblo que aún vivía en dictadura, la que todavía perduraría por cinco años más y que sin embargo con mucha entereza fue capaz de expresar claramente en las urnas que no quería seguir viviendo con las libertades conculcadas, vale decir, bajo las botas de los militares.
Este capítulo de la historia reciente no puede pensarse sino como una continuación del espíritu de rebeldía alentado por el Prócer General José Gervasio Artigas, cuando decidió junto con su pueblo abandonar el territorio nacional entregado cobardemente e irse a afincar del otro lado del río Uruguay para no vivir bajo el yugo extranjero.
Son capítulos ineludibles de recordar para cualquier ciudadano uruguayo que se precie de continuar encarnando aquel espíritu que supo legarnos el prócer.
Lamentablemente hoy los hombres y mujeres que apenas habían nacido o estaban en su más temprana edad el 30 de noviembre de 1980, escuchan hablar del plebiscito del NO, como algo colateral, que no los involucra, una simple anécdota del pasado.
Sin embargo, deberían saber que allí se forjó en buena medida la patria que hoy disfrutamos, con sus falencias, sus errores, sus cuentas pendientes en cuanto al bienestar de quienes aquí vivimos, pero también disfrutando de un bien inconmensurable, la libertad que nos regalaron aquellos ciudadanos que fueron capaces de decirle NO a la dictadura.
Es bueno recordarlo para tener muy claro que no fue un regalo de nadie, ni surgió de la nada. Hubo hombres y mujeres que arriesgaron hasta su vida para oponerse a los planes opresores.
Por eso, hoy en este nuevo 30 de noviembre demos gracias a Dios por ¡Bendito país que tenemos!

Alberto Rodríguez Díaz







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