Grande en el escenario, inmenso en la vida

Compartir con Eduardo D´Angelo en la Redacción de EL PUEBLO, un par de años atrás, fue un placer. Como todos los grandes artistas derrochaba sencillez, compartió con nosotros y dialogó durante mucho rato sobre diferentes aspectos de la vida artística, de su actuación y de aspectos referidos a los nuevos desafíos que enfrenta, tanto el humor como los diarios papel.

El “tano” D´Angelo era inquieto de por si, permanentemente en actividad y apasionado con lo que hacía no podía “despegarse” nunca de ello.

Por eso en esa charla estuvo presente  el humor gráfico, la atracción que siguen ejerciendo las “tiras” cómicas que incluso identifican a algunos diarios papel.

Es que D´Angelo tenía facilidad para relacionarse y sentirse bien. Era una persona inigualable en el escenario, creador y realizador incurable.

Dicen quienes lo trataron en la vida real y estuvieron cercanos a él que tal como era en el escenario, era en la vida diaria.

Difundió e hizo conocer el humor uruguayo que nos identifica, tanto en Argentina como en Chile y en muchos países más. Sin lugar a dudas un humor ingenioso y hasta ingenuo, pero que marcó toda una época sobre todo en el Río de la Plata.

Casi que no hubo familia uruguaya en esa época que no tuviera por hábito reunirse y sentarse frente al televisor los viernes a la hora de “Decalegrón”, como también sucedió con Hiperhumor y otros programas con los que supieron acaparar la atención de todos.

Al ver y escuchar ayer a algunos de sus pocos compañeros vivos, no podemos dejar de compartir dos inquietudes. En primer lugar ¿por qué seguimos teniendo en el nomenclator del país tantos nombres de militares y de otras personas, muchos de ellos que ni siquiera conocimos y no sabemos que méritos tienen para figurar en el nomenclator y no figuran artistas contemporáneos que supieron difundir lo nuestro en el extranjero, donde hoy nos reconocen fácilmente debido a su actuación?.

El segundo punto, es: ¿por qué es tan difícil que artistas de esta talla reciban una pensión y se mueran sin conseguirla?.

Es más fácil que se otorgue pensiones de este tipo a jugadores de fútbol -cuyo aporte a la identidad nacional no se discute – y no a esta gente que dedicó su vida a cultivar un arte que indudablemente merece ser reconocido.

Es de las cosas a rever, porque en alguna medida es valorar debidamente a lo nuestro, a lo legítimo y genuino, que puede ser mejor o peor que lo de otros, pero es lo auténticamente nuestro.

Con D´Angelo se fue un grande no sólo en el escenario y en la creatividad, sino seguramente en la vida diaria donde destacó por su sencillez, su generosidad, su bonhomía.

Quizás hoy estén nuevamente juntos los tres grandes del humor, junto a Enrique Almada y Ricardo Espalter, compartiendo su idioma preferido: el humor y la risa.

A ellos, en nombre del pueblo uruguayo y otros mas, gracias por lo que nos regalaron.

Compartir con Eduardo D´Angelo en la Redacción de EL PUEBLO, un par de años atrás, fue un placer. Como todos los grandes artistas derrochaba sencillez, compartió con nosotros y dialogó durante mucho rato sobre diferentes aspectos de la vida artística, de su actuación y de aspectos referidos a los nuevos desafíos que enfrenta, tanto el humor como los diarios papel.
El “tano” D´Angelo era inquieto de por si, permanentemente en actividad y apasionado con lo que hacía no podía “despegarse” nunca de ello.
Por eso en esa charla estuvo presente  el humor gráfico, la atracción que siguen ejerciendo las “tiras” cómicas que incluso identifican a algunos diarios papel.
Es que D´Angelo tenía facilidad para relacionarse y sentirse bien. Era una persona inigualable en el escenario, creador y realizador incurable.
Dicen quienes lo trataron en la vida real y estuvieron cercanos a él que tal como era en el escenario, era en la vida diaria.
Difundió e hizo conocer el humor uruguayo que nos identifica, tanto en Argentina como en Chile y en muchos países más. Sin lugar a dudas un humor ingenioso y hasta ingenuo, pero que marcó toda una época sobre todo en el Río de la Plata.
Casi que no hubo familia uruguaya en esa época que no tuviera por hábito reunirse y sentarse frente al televisor los viernes a la hora de “Decalegrón”, como también sucedió con Hiperhumor y otros programas con los que supieron acaparar la atención de todos.
Al ver y escuchar ayer a algunos de sus pocos compañeros vivos, no podemos dejar de compartir dos inquietudes. En primer lugar ¿por qué seguimos teniendo en el nomenclator del país tantos nombres de militares y de otras personas, muchos de ellos que ni siquiera conocimos y no sabemos que méritos tienen para figurar en el nomenclator y no figuran artistas contemporáneos que supieron difundir lo nuestro en el extranjero, donde hoy nos reconocen fácilmente debido a su actuación?.
El segundo punto, es: ¿por qué es tan difícil que artistas de esta talla reciban una pensión y se mueran sin conseguirla?.
Es más fácil que se otorgue pensiones de este tipo a jugadores de fútbol -cuyo aporte a la identidad nacional no se discute – y no a esta gente que dedicó su vida a cultivar un arte que indudablemente merece ser reconocido.
Es de las cosas a rever, porque en alguna medida es valorar debidamente a lo nuestro, a lo legítimo y genuino, que puede ser mejor o peor que lo de otros, pero es lo auténticamente nuestro.
Con D´Angelo se fue un grande no sólo en el escenario y en la creatividad, sino seguramente en la vida diaria donde destacó por su sencillez, su generosidad, su bonhomía.
Quizás hoy estén nuevamente juntos los tres grandes del humor, junto a Enrique Almada y Ricardo Espalter, compartiendo su idioma preferido: el humor y la risa.
A ellos, en nombre del pueblo uruguayo y otros mas, gracias por lo que nos regalaron.