Hallar el camino adecuado

En estas mismas columnas hemos hecho referencia a la falta de  expectativa de los jóvenes, a la poca capacidad de dedicar tiempo y esmero para adquirir conocimientos y preparación en la vida que luego le reporten una legítima satisfacción.
Por lo general los jóvenes y adolescentes de hoy día – no todos por supuesto – quieren todo “ya”, y además no quieren saber de mucho tiempo de estudios o sacrificios. Ya no son pacientes. Sus referentes son aquellos que se han enriquecido o se enriquecen rápidamente. Poco importa cómo.
Lo importante es tenerlo ya…
No se conforman además con cualquier marca, sino con lo que “les vende” la televisión y los demás medios de comunicación masiva..
En este afán de tener lo que se quiere, lo más rápidamente posible, no  hay impedimento alguno.
Si hay que exigir a los padres que se endeuden o vendan lo poco que pueden tener para satisfacer sus exigencias, no les importa. No ven más allá de la “zanahoria”, que se les pone delante de los ojos y harán lo imposible por alcanzarla, aún cuando les pueda costar la vida.
Esta zanahoria es el placer, por efímero que resulte, tener una moto, un celular “ultra” moderno hoy, que será viejo mañana, o bien “lucirse” ganando una “picada” o con locas carreras en las calles donde ponen en juego su vida y la de los demás.
Con esta óptica, es fácil de entender por qué tantos jóvenes  caen en el camino de la droga, pronto consumirán para “animarse” y venderán, porque es la forma más rápida de “hacer plata fácil”.
Pero no nos equivoquemos, no se los puede culpar a ellos solamente, porque somos nosotros los que les hemos  llevado a este callejón, que ojalá todavía tenga salida.
Nosotros permitimos la publicidad engañosa, aquella que “les vende” placer y felicidad, en el último celular, la computadora más moderna, la moto, el auto, el televisor “ya”, aunque en pocos meses, aún antes de terminar de pagarlo, haya quedado viejo y obsoleto.
Nosotros les mostramos el camino de un consumismo atroz, que pisoteó y marchitó la vida sencilla,  respetuosa de la naturaleza y de los tiempos que requiere para prepararse a disfrutar de lo verdaderamente valioso y placentero.
No nos pongamos en la vereda opuesta condenándolos como holgazanes, faltos de valores e impulsivos, como seguramente en buena medida lo son, porque nosotros hemos contribuido a esa situación y podemos ser tanto o más culpables que ellos.
Lo importante es hallar la respuesta a tiempo,  hallar la forma de ayudarlos y ayudarnos. Y seguramente la única llave en esto está en la educación, no sólo con la palabra y el conocimiento, sino esencialmente con el ejemplo, de una vida austera, sencilla, que ponga a la tecnología y al desmedido afán de tener, en su lugar.
Es bienvenida la tecnología y todos los avances que nos permiten acceder a mejores condiciones de vida, pero el último celular o el último televisor no nos debe hacer perder el sueño, no nos puede dominar… No debemos ambicionar cosas superfluas, porque de esta forma es mucho más lo que perdemos.
Ojalá lo entendamos de una vez por todas.