Halloween solo en el lugar indicado

Prácticamente en todos los centros educativos que tienen entre su currícula la enseñanza de  inglés, promueven para hoy la festividad de Halloween y seguramente sus alumnos de corta edad saldrán a las calles céntricas divertidamente en bandadas que no pueden promover otra cosa que simpatías.
Pero en los últimos años ha ido ganando terrero. Se trata de una festividad que navega entre la simple e inocente broma de los niños de corta edad, que promulgan el “trato o truco” hasta los excesos propios de quienes aprovechan el hecho de tratarse de una fiesta de disfraces para cometer tropelías, desde los daños gratuitos a los arrebatos y similares.
Pero no es esto lo más condenable. Sino que es el hecho que se trata de una festividad que nada tiene que ver con la idiosincracia uruguaya. Una festividad que incluso en algunos momentos de la historia, llegó a realizarse en los cementerios, con una irreverencia a los difuntos antepasados que en nuestro país lindaría en el delito.
Mientras la festividad se redujo al ámbito de los centros educativos e instituciones que promueven el idioma inglés, no parece tener nada malo. No nos  molesta y nada tendríamos en su contra. Es sencillamente una actividad más, vinculada a la cultura y las costumbres de los países anglosajones que se ha extendido notablemente a otros e incluso en Latinoamérica, apoyado por una gran promoción comercial e industrial que se remonta a la industria cinematográfica de los Estados Unidos, con gran incidencia en Latinoamérica.
Los padres que entienden importante para sus hijos esta enseñanza y todo lo que concierne a la educación de hábitos y costumbres están en todo su derecho de hacerlo.
Sin embargo desde hace algunos años esta festividad fue adoptada a nivel popular, salió a la calle y allí han comenzado los mayores problemas. Cuando analizamos por qué el fuerte y notorio rechazo que origina, a diferencia de otras fiestas típicas extranjeras, como el año nuevo judío, o la fiesta nacional alemana, entendemos que tiene que ver con su vinculación a la muerte, precisamente.
No se trata de celebrar con alegría la vida, el nacimiento, sino la muerte y esto no tiene nada que ver con nuestro origen cristiano, que mañana primero de Noviembre celebra el Día de Todos los Santos y el 2 de Noviembre  participa en el recuerdo de los difuntos, no como celebración, sino como una forma de recordar y agradecer su pasaje por la vida.

Prácticamente en todos los centros educativos que tienen entre su currícula la enseñanza de  inglés, promueven para hoy la festividad de Halloween y seguramente sus alumnos de corta edad saldrán a las calles céntricas divertidamente en bandadas que no pueden promover otra cosa que simpatías.

Pero en los últimos años ha ido ganando terrero. Se trata de una festividad que navega entre la simple e inocente broma de los niños de corta edad, que promulgan el “trato o truco” hasta los excesos propios de quienes aprovechan el hecho de tratarse de una fiesta de disfraces para cometer tropelías, desde los daños gratuitos a los arrebatos y similares.

Pero no es esto lo más condenable. Sino que es el hecho que se trata de una festividad que nada tiene que ver con la idiosincracia uruguaya. Una festividad que incluso en algunos momentos de la historia, llegó a realizarse en los cementerios, con una irreverencia a los difuntos antepasados que en nuestro país lindaría en el delito.

Mientras la festividad se redujo al ámbito de los centros educativos e instituciones que promueven el idioma inglés, no parece tener nada malo. No nos  molesta y nada tendríamos en su contra. Es sencillamente una actividad más, vinculada a la cultura y las costumbres de los países anglosajones que se ha extendido notablemente a otros e incluso en Latinoamérica, apoyado por una gran promoción comercial e industrial que se remonta a la industria cinematográfica de los Estados Unidos, con gran incidencia en Latinoamérica.

Los padres que entienden importante para sus hijos esta enseñanza y todo lo que concierne a la educación de hábitos y costumbres están en todo su derecho de hacerlo.

Sin embargo desde hace algunos años esta festividad fue adoptada a nivel popular, salió a la calle y allí han comenzado los mayores problemas. Cuando analizamos por qué el fuerte y notorio rechazo que origina, a diferencia de otras fiestas típicas extranjeras, como el año nuevo judío, o la fiesta nacional alemana, entendemos que tiene que ver con su vinculación a la muerte, precisamente.

No se trata de celebrar con alegría la vida, el nacimiento, sino la muerte y esto no tiene nada que ver con nuestro origen cristiano, que mañana primero de Noviembre celebra el Día de Todos los Santos y el 2 de Noviembre  participa en el recuerdo de los difuntos, no como celebración, sino como una forma de recordar y agradecer su pasaje por la vida.







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