Honremos la vida

A veces nos sorprenden algunos comentarios de gente que se siente escéptica, porque alguna enfermedad le aqueja o ha recibido algún golpe trágico en la familia.
Es comprensible, es explicable, sobre todo cuando los motivos de dolor son recientes. Pero en algunos casos el sólo hecho de ver gente eufórica, de ver muchas familias alegres y festejando les lleva a decaer, a sentirse mal, depresivos.
Es que quien aún no ha podido descifrar la relevancia de la vida misma, seguramente no entiende que ésta se  compone de alegrías y tristezas, de momentos altos y bajos que es necesario saber sobrellevar,enfrentar y “pararse” ante estos avatares asumiendo tanto lo uno como lo otro.
Claro está que quien todavía no ha asumido la realidad, seguramente va a ser golpeado, atormentado por los aspectos dolorosos que tiene.
Sin embargo quien sabe que la vida es finita, que así como comienza un día, también termina y que los momentos seguramente para celebrar no son los extremos, sino el desarrollo de la vida. No es el principio de la carrera ni tampoco la llegada, sino el desarrollo mismo, lo que le da sentido.
En este aspecto nos parece adecuado escuchar algunos tramos de una canción – de Eladia Blázquez que inmortalizó Mercedes Sosa – que en forma magistral señala algunos aspectos esenciales de la vida, dice así:
-“Merecer la vida no es callar y consentir,
tantas injusticias repetidas…
¡Es una virtud, es dignidad!
Y es la actitud de identidad ¡más definida!
Eso de durar y transcurrir
no nos da derecho a presumir.
Porque no es lo mismo que vivir…
¡Honrar la vida!”.
Desde esta óptica no hay lugar para la depresión. Al contrario, cuanto más y mejor entrega hacia los demás, es también muy abundante lo que se recibe, las fuerzas que se encuentran y que nos hacen fuerte en la vida.
Seguramente que como bien lo indica la canción, no es lo mismo “durar y transcurrir” que “honrar la vida”.
Vivir una larga vida, plena de salud y bienestar, no nos pone a salvo de lo que todos tenemos asegurado, que es la muerte.
Pasar por la vida sin  dejar absolutamente nada, sin transmitir nada que apunte a mejorar  y superar la convivencia entre los seres humanos, que aporte al menos un granito de arena hacia un mundo más justos, que conviva en paz y en orden, es algo así como desperdiciarla, arruinarla y seguramente sentirse vacíos.
Honremos la vida, hagamos de ella un permanente compromiso con la paz y la justicia entre los hombres.
Es lo mejor que podemos hacer y sentir hoy cuando fenece el año viejo y llega el nuevo año que en alguna medida es decir, nos renueva la  vida.

A veces nos sorprenden algunos comentarios de gente que se siente escéptica, porque alguna enfermedad le aqueja o ha recibido algún golpe trágico en la familia.

Es comprensible, es explicable, sobre todo cuando los motivos de dolor son recientes. Pero en algunos casos el sólo hecho de ver gente eufórica, de ver muchas familias alegres y festejando les lleva a decaer, a sentirse mal, depresivos.

Es que quien aún no ha podido descifrar la relevancia de la vida misma, seguramente no entiende que ésta se  compone de alegrías y tristezas, de momentos altos y bajos que es necesario saber sobrellevar,enfrentar y “pararse” ante estos avatares asumiendo tanto lo uno como lo otro.

Claro está que quien todavía no ha asumido la realidad, seguramente va a ser golpeado, atormentado por los aspectos dolorosos que tiene.

Sin embargo quien sabe que la vida es finita, que así como comienza un día, también termina y que los momentos seguramente para celebrar no son los extremos, sino el desarrollo de la vida. No es el principio de la carrera ni tampoco la llegada, sino el desarrollo mismo, lo que le da sentido.

En este aspecto nos parece adecuado escuchar algunos tramos de una canción – de Eladia Blázquez que inmortalizó Mercedes Sosa – que en forma magistral señala algunos aspectos esenciales de la vida, dice así:

-“Merecer la vida no es callar y consentir,

tantas injusticias repetidas…

¡Es una virtud, es dignidad!

Y es la actitud de identidad ¡más definida!

Eso de durar y transcurrir

no nos da derecho a presumir.

Porque no es lo mismo que vivir…

¡Honrar la vida!”.

Desde esta óptica no hay lugar para la depresión. Al contrario, cuanto más y mejor entrega hacia los demás, es también muy abundante lo que se recibe, las fuerzas que se encuentran y que nos hacen fuerte en la vida.

Seguramente que como bien lo indica la canción, no es lo mismo “durar y transcurrir” que “honrar la vida”.

Vivir una larga vida, plena de salud y bienestar, no nos pone a salvo de lo que todos tenemos asegurado, que es la muerte.

Pasar por la vida sin  dejar absolutamente nada, sin transmitir nada que apunte a mejorar  y superar la convivencia entre los seres humanos, que aporte al menos un granito de arena hacia un mundo más justos, que conviva en paz y en orden, es algo así como desperdiciarla, arruinarla y seguramente sentirse vacíos.

Honremos la vida, hagamos de ella un permanente compromiso con la paz y la justicia entre los hombres.

Es lo mejor que podemos hacer y sentir hoy cuando fenece el año viejo y llega el nuevo año que en alguna medida es decir, nos renueva la  vida.







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