Informar en tiempo y forma es siempre lo mas acertado

Por estos días, uno de los puntos más controvertidos en relación a la presencia de la enfermedad de Leishmaniasis en animales caninos, es la información que se maneja al respecto.
La falta de información “oficial” emanada de los organismos sanitarios que tienen responsabilidad en el área, da lugar a todo tipo de especulaciones.
El argumento mas escuchado de parte de quienes prefieren no hablar del tema, aún teniendo  responsabilidad por estar en la primera línea frente a la situación, es el temor a “alarmar”.
Debieran saber quienes estos sostienen, que precisamente la mayor alarma surge cuando a falta de una información oficial, se difunden rumores que nadie confirma o desmiente mas que a medias porque suelen contener parte de acierto y parte de error.
En el fondo lo que revela esta situación es un manejo deficiente de la comunicación social por parte de algunas autoridades.
La omisión, o el manipuleo de la verdad, que se pretende hacer cuando se parcializa informando sólo de los aspectos que nos benefician o ponen a cubierto de posible irresponsabilidades, terminan por  desacreditar y desprestigiar la información “oficial”, rótulo que obviamente no es sinónimo de verdad.
Pero la posición de las autoridades sanitarias correspondientes, aportando información creíble, debidamente corroborada, actualizada y demás, es esencial ante cualquier circunstancia.
La verdad, como la luz en la oscuridad, siempre resplandece aunque no sea fácil encontrarla.
Informar debidamente en tiempo y forma (no especulando con la mejor oportunidad para recién hacerlo). No se trata de cargar luego contra los medios que se esfuerzan por informar, recurriendo a fuentes “extraoficiales” y con alto riesgo de difundir aspectos erróneos, sino asumir que la omisión generalmente conlleva a estas situaciones.
En el caso que nos ocupa podría haberse manejado  la información desde un principio con la discreción que requería, vale decir asumiendo la situación y explicando debidamente el alcance de la misma.
Se prefirió ocultarla, negar la situación de riesgo que se corría, apostando a que pasase desapercibida. Craso error, la ignorancia de la situación es lo peor que puede hacerse. Preferimos la alarma, que la gente exagere medidas, antes que por ignorancia alguien pueda contraer la enfermedad en circunstancias que pudieron evitarse.
Deseamos fervientemente que no aparezca la enfermedad a nivel humano, pero honestamente, no nos sorprendería que se produjera, porque no hemos hecho bien los deberes en la materia y ni siquiera cuando hubiéramos hecho todo lo posible y aconsejable para que no entrara podíamos habernos sentido a salvo, menos cuando de alguna manera le hemos restado importancia.
Alberto Rodríguez Díaz

Por estos días, uno de los puntos más controvertidos en relación a la presencia de la enfermedad de Leishmaniasis en animales caninos, es la información que se maneja al respecto.

La falta de información “oficial” emanada de los organismos sanitarios que tienen responsabilidad en el área, da lugar a todo tipo de especulaciones.

El argumento mas escuchado de parte de quienes prefieren no hablar del tema, aún teniendo  responsabilidad por estar en la primera línea frente a la situación, es el temor a “alarmar”.

Debieran saber quienes estos sostienen, que precisamente la mayor alarma surge cuando a falta de una información oficial, se difunden rumores que nadie confirma o desmiente mas que a medias porque suelen contener parte de acierto y parte de error.

En el fondo lo que revela esta situación es un manejo deficiente de la comunicación social por parte de algunas autoridades.

La omisión, o el manipuleo de la verdad, que se pretende hacer cuando se parcializa informando sólo de los aspectos que nos benefician o ponen a cubierto de posible irresponsabilidades, terminan por  desacreditar y desprestigiar la información “oficial”, rótulo que obviamente no es sinónimo de verdad.

Pero la posición de las autoridades sanitarias correspondientes, aportando información creíble, debidamente corroborada, actualizada y demás, es esencial ante cualquier circunstancia.

La verdad, como la luz en la oscuridad, siempre resplandece aunque no sea fácil encontrarla.

Informar debidamente en tiempo y forma (no especulando con la mejor oportunidad para recién hacerlo). No se trata de cargar luego contra los medios que se esfuerzan por informar, recurriendo a fuentes “extraoficiales” y con alto riesgo de difundir aspectos erróneos, sino asumir que la omisión generalmente conlleva a estas situaciones.

En el caso que nos ocupa podría haberse manejado  la información desde un principio con la discreción que requería, vale decir asumiendo la situación y explicando debidamente el alcance de la misma.

Se prefirió ocultarla, negar la situación de riesgo que se corría, apostando a que pasase desapercibida. Craso error, la ignorancia de la situación es lo peor que puede hacerse. Preferimos la alarma, que la gente exagere medidas, antes que por ignorancia alguien pueda contraer la enfermedad en circunstancias que pudieron evitarse.

Deseamos fervientemente que no aparezca la enfermedad a nivel humano, pero honestamente, no nos sorprendería que se produjera, porque no hemos hecho bien los deberes en la materia y ni siquiera cuando hubiéramos hecho todo lo posible y aconsejable para que no entrara podíamos habernos sentido a salvo, menos cuando de alguna manera le hemos restado importancia.

Alberto Rodríguez Díaz







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