Insistimos en el tema

no de los factores que ha llevado al fracaso en la  lucha que apunta a recuperar la seguridad en nuestro país es la politización del tema. A sabiendas de la sensibilidad de la población en la materia, siempre se ha manejado la seguridad como un herramienta para manipular intereses políticos.
Exponer los índices de inseguridad, exagerarlos incluso y sobre todo tratar de que la población los vea como algo producto de las políticas actuales, ocultando su origen, su contexto y sobre todo la evolución que ha tenido desde varias décadas a esta parte, no es más que parte de la estrategia que se usa en este sentido.
Esto va contra el gobierno que esté al frente del país en esos momentos y se limita a mostrar sólo la parte más visible y superficial de la problemática.
En realidad poco tiene de verdadero interés en aportar al combate de la delincuencia y menos a tratar de atacar las causas de la misma.
En la temática de la seguridad confluyen varios aspectos, sociales, económicos, delictivos en sí, corrupción de los organismos, entre otros.
Las críticas que más abundan son las que se dirigen al combate y la represión del delito. Que hay pocos policías, que no tienen medios, que no vigilan o a la aplicación de las leyes que sancionan el delito, los jueces que dejan libres a los delincuentes, los que procesan sin prisión, las cárceles abarrotadas que ya no soportan más.
Son todos elementos que tienen incidencia en el tema, pero difícilmente nos detenemos a tratar de saber “cuánto”, inciden.
Una política seria y profunda en la materia obligaría a enfocar la problemática globalmente y a encarar una solución multidisciplinaria, con una estrategia adecuada, que no se limite a la represión ni aún a la prevención y represión. Aún entendiendo que estas etapas son las elementales y primeras a llevar adelante debidamente, también se trata de complementarlas con otras, tan imprescindibles como aquellas y aquí necesariamente se entra en las etapas sociales.
Tan necesarias son unas como otras y además no deben anteponerse inadecuadamente unas a otras, porque de hacerse debidamente a las etapas de una adecuada y correcta labor de prevención y represión policial, deben seguir las etapas sociales, para culminar con los planes y políticas destinadas a recuperar la imagen de la policía y la confianza de la población hacia ésta.
No es cosa fácil precisamente, pero una de las formas más seguras de fracaso es precisamente lo que se ha hecho hasta el momento, esto es, politizar el tema y tratar de sacar rédito político del enfoque que le demos.
Uno de los factores que ha llevado al fracaso en la  lucha que apunta a recuperar la seguridad en nuestro país es la politización del tema. A sabiendas de la sensibilidad de la población en la materia, siempre se ha manejado la seguridad como un herramienta para manipular intereses políticos.
Exponer los índices de inseguridad, exagerarlos incluso y sobre todo tratar de que la población los vea como algo producto de las políticas actuales, ocultando su origen, su contexto y sobre todo la evolución que ha tenido desde varias décadas a esta parte, no es más que parte de la estrategia que se usa en este sentido.
Esto va contra el gobierno que esté al frente del país en esos momentos y se limita a mostrar sólo la parte más visible y superficial de la problemática.
En realidad poco tiene de verdadero interés en aportar al combate de la delincuencia y menos a tratar de atacar las causas de la misma.
En la temática de la seguridad confluyen varios aspectos, sociales, económicos, delictivos en sí, corrupción de los organismos, entre otros.
Las críticas que más abundan son las que se dirigen al combate y la represión del delito. Que hay pocos policías, que no tienen medios, que no vigilan o a la aplicación de las leyes que sancionan el delito, los jueces que dejan libres a los delincuentes, los que procesan sin prisión, las cárceles abarrotadas que ya no soportan más.
Son todos elementos que tienen incidencia en el tema, pero difícilmente nos detenemos a tratar de saber “cuánto”, inciden.
Una política seria y profunda en la materia obligaría a enfocar la problemática globalmente y a encarar una solución multidisciplinaria, con una estrategia adecuada, que no se limite a la represión ni aún a la prevención y represión. Aún entendiendo que estas etapas son las elementales y primeras a llevar adelante debidamente, también se trata de complementarlas con otras, tan imprescindibles como aquellas y aquí necesariamente se entra en las etapas sociales.
Tan necesarias son unas como otras y además no deben anteponerse inadecuadamente unas a otras, porque de hacerse debidamente a las etapas de una adecuada y correcta labor de prevención y represión policial, deben seguir las etapas sociales, para culminar con los planes y políticas destinadas a recuperar la imagen de la policía y la confianza de la población hacia ésta.
No es cosa fácil precisamente, pero una de las formas más seguras de fracaso es precisamente lo que se ha hecho hasta el momento, esto es, politizar el tema y tratar de sacar rédito político del enfoque que le demos.