Justicia SI, histeria NO

Que la Justicia tarde, es una cosa, que no llegue, es otra, muy diferente.
Por estos días está en la atención pública la dilucidación en el Juzgado Penal de Cuarto Turno del incidente a la salida de un baile de la costa que dejó a uno de los jóvenes agredidos al borde de la muerte.
Más allá de los pormenores y todos los detalles que se quieran buscar, sencillamente como ciudadanos uruguayos creemos que deberíamos de ser los más interesados en que él o los agresores de este joven sean individualizados y responsabilizados como corresponde y paguen la acción vandálica, criminal de la que fueron protagonistas.
Aclarado esto, debemos dejar muy en claro que tampoco es como se ha señalado por parte de medios capitalinos, que Salto es algo así como una selva en la que no pueden ingresar foráneos, sin correr riesgos.
Este hecho ha sido muy grave y los salteños que razonamos debidamente esperamos que se aclare como corresponde y las culpas sean determinadas, pero esto no debe hacernos perder de vista que ha sido un hecho aislado.
Pongamos las cosas en su lugar. En Salto como en todas partes del país, cuando hay aglomeraciones suceden riñas e incidentes que no pasan a mayores, en algunos lugares con más frecuencia que en otros, pero suceden en todos lados. Aquí, muy pocas veces de la gravedad alcanzada en este caso.
Pretender “demonizar” la ciudad por este hecho aislado es un error, que responde a una reacción impulsiva e intempestiva y sencillamente algo injusto. Reclamemos justicia y démosle todo el apoyo y la colaboración que podamos darle, pero no nos quedemos en el grito histérico y desaforado.
Aquí como en todas partes del país debe imperar la  ley, que supone el debido proceso, el aporte de las pruebas correspondientes y la oportunidad de los descargos para él o los acusados, antes de adoptar una decisión.
Se supone que buenos profesionales pueden y deben llegar al fondo de la cuestión para hacer justicia,  esperemos que así sea, no sólo por los visitantes, sino esencialmente por los salteños padres y familiares de los adolescentes y jóvenes que por miles concurren a los boliches de la costa salteña o de otros lugares similares en la ciudad.
Estas acciones y el probable marco que les da inmunidad es absolutamente inadmisible, si alguien capaz de semejantes acciones anda haciendo de las suyas impunemente, estamos ante un problema de magnitud y este es un tema de todos, no sólo de quienes han sido agredidos. Por lo tanto, todos quienes  han visto o saben algo deben hacerlo saber a la Justicia.
En caso contrario, seguiremos en el famoso “no te metás”, que es lo mismo que decir “dejalos, mirá para otro lado…”.
Si admitimos esto, entonces no nos quejemos, sus consecuencias tarde o temprano nos golpearán a la puerta.
Alberto Rodríguez Díaz

Que la Justicia tarde, es una cosa, que no llegue, es otra, muy diferente.

Por estos días está en la atención pública la dilucidación en el Juzgado Penal de Cuarto Turno del incidente a la salida de un baile de la costa que dejó a uno de los jóvenes agredidos al borde de la muerte.

Más allá de los pormenores y todos los detalles que se quieran buscar, sencillamente como ciudadanos uruguayos creemos que deberíamos de ser los más interesados en que él o los agresores de este joven sean individualizados y responsabilizados como corresponde y paguen la acción vandálica, criminal de la que fueron protagonistas.

Aclarado esto, debemos dejar muy en claro que tampoco es como se ha señalado por parte de medios capitalinos, que Salto es algo así como una selva en la que no pueden ingresar foráneos, sin correr riesgos.

Este hecho ha sido muy grave y los salteños que razonamos debidamente esperamos que se aclare como corresponde y las culpas sean determinadas, pero esto no debe hacernos perder de vista que ha sido un hecho aislado.

Pongamos las cosas en su lugar. En Salto como en todas partes del país, cuando hay aglomeraciones suceden riñas e incidentes que no pasan a mayores, en algunos lugares con más frecuencia que en otros, pero suceden en todos lados. Aquí, muy pocas veces de la gravedad alcanzada en este caso.

Pretender “demonizar” la ciudad por este hecho aislado es un error, que responde a una reacción impulsiva e intempestiva y sencillamente algo injusto. Reclamemos justicia y démosle todo el apoyo y la colaboración que podamos darle, pero no nos quedemos en el grito histérico y desaforado.

Aquí como en todas partes del país debe imperar la  ley, que supone el debido proceso, el aporte de las pruebas correspondientes y la oportunidad de los descargos para él o los acusados, antes de adoptar una decisión.

Se supone que buenos profesionales pueden y deben llegar al fondo de la cuestión para hacer justicia,  esperemos que así sea, no sólo por los visitantes, sino esencialmente por los salteños padres y familiares de los adolescentes y jóvenes que por miles concurren a los boliches de la costa salteña o de otros lugares similares en la ciudad.

Estas acciones y el probable marco que les da inmunidad es absolutamente inadmisible, si alguien capaz de semejantes acciones anda haciendo de las suyas impunemente, estamos ante un problema de magnitud y este es un tema de todos, no sólo de quienes han sido agredidos. Por lo tanto, todos quienes  han visto o saben algo deben hacerlo saber a la Justicia.

En caso contrario, seguiremos en el famoso “no te metás”, que es lo mismo que decir “dejalos, mirá para otro lado…”.

Si admitimos esto, entonces no nos quejemos, sus consecuencias tarde o temprano nos golpearán a la puerta.

Alberto Rodríguez Díaz







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