La absurda guerra a la “o”

Todes les diputades” es una de las frases usadas por quienes procuran impulsar el denominado “idioma inclusivo”, para nosotros es una verdadera aberración.

Si bien siempre hemos manifestado nuestra convicción de que todas las opiniones son respetables, aunque no la compartamos, también debemos decir con total claridad que el denominado “idioma” inclusivo (que hasta el momento no pasa de ser unos pocos morfemas debe figurar entre las iniciativas más absurdas de que hayamos sabido.
Sobre todo algunos colectivos de adolescentes han adoptado términos como “algunes”, por “algunos” porque entienden que la “o” es un término machista y entienden también que de esta forma están combatiendo ese aspecto y ayudando a la inclusión feminista.
Con todo respeto y a riesgo de ser tachados de “tradicionalistas” entendemos, como también lo ha entendido la Real Academia Española, que es una diferenciación innecesaria.
El idioma español es uno de los más ricos en términos para incluir absolutamente a todos los géneros. De todas formas no nos sorprende esta iniciativa, porque hemos tolerado o reaccionado con mucha tibieza ante otros absurdos como el “todas y todos”, otra aberración que en este caso ha sido adoptado incluso por altas autoridades nacionales y regionales.
En primer lugar, debemos aclarar que somos partidarios de la inclusión y la mayor igualdad posible para los géneros, pero hacerlo mediante estos términos ridículos, se le hace un flaco favor. No es este un camino acertado.
La inclusión debe buscarse – a nuestro entender – por el camino de la igualdad de oportunidades, de igual valoración de capacidades, de una más justa valoración de la mujer en otros campos, como el laboral, el ejercicio profesional y demás, no por el del lenguaje que lejos de disminuir la innegable brecha actual de la valoración de las mujeres frente a los hombres, en detrimento de éstas, ridiculiza un tema que merece mayor respeto y un enfoque de mayor seriedad. Para nosotros, ante el intento de comenzar a incluir dicho “idioma” en jardines de infantes y centro de la infancia, vale de entre los más chiquitos, el sistema educación debe expresarse mediante normas claras que no dejen resquicios para que cada uno haga lo que mejor le parezca o terminaremos en una situación muy parecida a la ilustrada en la famosa “torre de babel” donde nadie entendía a nadie.

A.R.D.







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