La amenaza de corte no puede ser en serio

Nos resistimos a creer que sea cierto que el grupo de los denominados “bagayeros”, vendedores ambulantes o feriantes, para usar un eufemismo, estén amenazando con cortar el tránsito internacional en el puente de la represa de Salto Grande.
¿Vivirán en el mismo país que llegó hasta la Corte de la Haya reclamando sus derechos, entre ellos la vigencia del  libre tránsito internacional, dado que un grupo de ciudadanos argentinos mantenía un puente cortado?
¿Sabrán que están anunciando un delito, en defensa de otro delito como es el contrabando?
Tolerarlo sería el reino del absurdo. Es más, lo que ya se está haciendo es harto ilegal y quienes lo llevan adelante corren riesgo de terminar procesados.
Sabemos que cuando incursionamos en este tema estamos tocando por una parte sectores socioeconómicos sensibles de la población y en el otro extremo intereses económicos cuasi mafiosos y muy poderosos.
Pero es importante saber que no sólo se trata del bolso y los  poco kilos, que están reclamando los bagayeros -todos sabemos que nadie de ellos iría a Concordia por 5 o 10 kilos –  algo que aparentemente resulta inofensivo, sino todo lo que significa el contrabando en sí.
No podemos ignorar que este tema surge allá por la década del 80, cuando el entonces Intendente Malaquina optó por reunir a todos los vendedores ambulantes que por entonces recorrían la ciudad con sus carritos de mano y darles un lugar fijo, que en primer lugar fue el Mercado 18 de Julio.
El país estaba volviendo de una dictadura y por lo tanto se procuraba restaurar toda la trama social atendiendo de la forma que se podía las urgencias socioeconómicas de una población acuciada por muchas dificultades. Esta era una.
Casi no hubo resistencia a la medida de Malaquina. El error fue no establecer límites o mejor dicho, no poner debidamente en práctica éstos. Así fue que “la feria” dio lugar al “bagashopping” y éste escapó a todo control. Todos sabemos que luego hubo gobiernos de todos los colores y todas las divisas tanto en el país como en el departamento y nadie fue capaz de erradicarlo, ni se atrevió a intentarlo, quizás porque hay muchos votos en la vuelta. El único que lo intentó fue el recordado Director Nacional de Aduanas, Víctor Lissidini, quien terminó procesado con prisión, sin que jamás se entendiera mucho por qué.
No se puede desconocer que hoy el problema no es un yuyito que aparece, sino un árbol de más de 30 años, con raíces muy profundas y un tronco muy grueso.
Para entendernos: el contrabando es un delito y los límites al trasiego de mercaderías están debidamente establecidos. Si no se pusieran límites precisos, seguramente terminaríamos siendo una de las ciudades fronterizas aletargadas por el contrabando, donde la mayoría de la gente vive de esa actividad o de alguna otra indirectamente relacionada a ella.
En lo personal la situación de estas ciudades me resulta deprimente. Pueblos sin mayores expectativas, jóvenes que se conforman con hallar un espacio en esa especie de modorra eterna, donde la vida parece limitarse a comer, dormir y obtener algunos pesos sin mayor esfuerzo, para seguir subsistiendo. Funcionarios públicos de diversas instituciones totalmente corruptos.
No es lo que queremos para nuestro departamento y menos para el país en el mediano y largo plazo.
Felizmente hasta hoy y gracias esencialmente a una intensa actividad universitaria, la situación es diferente pero descuidarla sería imperdonable.
No podemos desconocerlo.
Al pan, pan y al vino vino, como dirían nuestros abuelos.
Alberto Rodríguez Díaz

Nos resistimos a creer que sea cierto que el grupo de los denominados “bagayeros”, vendedores ambulantes o feriantes, para usar un eufemismo, estén amenazando con cortar el tránsito internacional en el puente de la represa de Salto Grande.

¿Vivirán en el mismo país que llegó hasta la Corte de la Haya reclamando sus derechos, entre ellos la vigencia del  libre tránsito internacional, dado que un grupo de ciudadanos argentinos mantenía un puente cortado?

¿Sabrán que están anunciando un delito, en defensa de otro delito como es el contrabando?

Tolerarlo sería el reino del absurdo. Es más, lo que ya se está haciendo es harto ilegal y quienes lo llevan adelante corren riesgo de terminar procesados.

Sabemos que cuando incursionamos en este tema estamos tocando por una parte sectores socioeconómicos sensibles de la población y en el otro extremo intereses económicos cuasi mafiosos y muy poderosos.

Pero es importante saber que no sólo se trata del bolso y los  poco kilos, que están reclamando los bagayeros -todos sabemos que nadie de ellos iría a Concordia por 5 o 10 kilos –  algo que aparentemente resulta inofensivo, sino todo lo que significa el contrabando en sí.

No podemos ignorar que este tema surge allá por la década del 80, cuando el entonces Intendente Malaquina optó por reunir a todos los vendedores ambulantes que por entonces recorrían la ciudad con sus carritos de mano y darles un lugar fijo, que en primer lugar fue el Mercado 18 de Julio.

El país estaba volviendo de una dictadura y por lo tanto se procuraba restaurar toda la trama social atendiendo de la forma que se podía las urgencias socioeconómicas de una población acuciada por muchas dificultades. Esta era una.

Casi no hubo resistencia a la medida de Malaquina. El error fue no establecer límites o mejor dicho, no poner debidamente en práctica éstos. Así fue que “la feria” dio lugar al “bagashopping” y éste escapó a todo control. Todos sabemos que luego hubo gobiernos de todos los colores y todas las divisas tanto en el país como en el departamento y nadie fue capaz de erradicarlo, ni se atrevió a intentarlo, quizás porque hay muchos votos en la vuelta. El único que lo intentó fue el recordado Director Nacional de Aduanas, Víctor Lissidini, quien terminó procesado con prisión, sin que jamás se entendiera mucho por qué.

No se puede desconocer que hoy el problema no es un yuyito que aparece, sino un árbol de más de 30 años, con raíces muy profundas y un tronco muy grueso.

Para entendernos: el contrabando es un delito y los límites al trasiego de mercaderías están debidamente establecidos. Si no se pusieran límites precisos, seguramente terminaríamos siendo una de las ciudades fronterizas aletargadas por el contrabando, donde la mayoría de la gente vive de esa actividad o de alguna otra indirectamente relacionada a ella.

En lo personal la situación de estas ciudades me resulta deprimente. Pueblos sin mayores expectativas, jóvenes que se conforman con hallar un espacio en esa especie de modorra eterna, donde la vida parece limitarse a comer, dormir y obtener algunos pesos sin mayor esfuerzo, para seguir subsistiendo. Funcionarios públicos de diversas instituciones totalmente corruptos.

No es lo que queremos para nuestro departamento y menos para el país en el mediano y largo plazo.

Felizmente hasta hoy y gracias esencialmente a una intensa actividad universitaria, la situación es diferente pero descuidarla sería imperdonable.

No podemos desconocerlo.

Al pan, pan y al vino vino, como dirían nuestros abuelos.

Alberto Rodríguez Díaz