La apuesta a la familia

En su primera homilía en tierra latinoamericana, el Papa Francisco ha destacado el rol de la familia y dedicado el mensaje central de su alocución a tratar de reivindicar los valores que surgen de la familia, que esta cobija y resguarda.
Desde los primeros pasos esenciales en la vida de la persona, hasta los últimos días, en que lo ideal sería que fuera en el entorno familiar, la familia alcanza una gran trascendencia en la formación de la persona.
Hombre sabio y hombre de Dios, el Papa Francisco sabe que hoy la familia se halla en el centro de la controversia, dado que su disgregación es el origen de gran parte de los males que nos afectan.
Si nos detenemos a analizar a las personas que caen en la senda delictiva, notaremos que un altísimo porcentaje de ellas -aunque no todas – provienen de familias disgregadas, integran hogares monoparentales, en los que sin duda alguna el progenitor que les ha faltado es en buena medida la causa de que hubieran tomado el mal camino.
La familia tal como la concibe la Iglesia Católica y como viene desde tiempos ancestrales, es la cuna de todos los valores. El niño no sólo debe aprender a caminar y a balbucear sus primeras palabras en ella, sino que esencialmente debe ser cobijado en su seno para recibir el amor de sus progenitores y demás familiares.
Seguramente que todo intento por cambiar y mejorar el mundo en que vivimos comienza y pasa imprescindiblemente por la familia.
Desgraciadamente hoy asistimos a una deformación y a varios riesgos que apuntan directamente a este núcleo fundamental de la persona humana.
En materia de salud, el abuso de alimentos salados y grasos determinan que Uruguay esté entre los países de latinoamérica con más alto porcentaje de niños obesos.
En materia de entretenimientos, el abuso de todo lo que es la informática y las nuevas tecnologías que nos llegan a través de celulares y computadoras, provocan hasta cierta dependencia de los bebés a este tipo de aparatos.
En materia de educación y de formación en valores, el derivar esta tarea en personas que no están preparadas o precisamente usan y abusan de las nuevas tecnologías, sin educar a los niños hacia la disciplina y los límites, los va haciendo cada vez más vulnerables y dependientes de cosas que en lugar de ayudar a su formación los va deformando y “burocratizando”, al punto que luego no son capaces de dedicar tiempo a su formación, de invertir el tiempo en su preparación cuando corresponde y su formación cultural.
Son personas mucho más manejables y esto es, lamentablemente, lo que buscan estas nuevas tecnologías y los intereses que tras de ella se esconden.