La atrocidad golpea de nuevo

Cuando a comienzos de la década del noventa, EE.UU. y sus aliados iniciaron la famosa Guerra del Golfo contra Irak tuvo un gran apoyo, alguno explícito, otro muy amplio de quienes observaron sin intervenir para nada y apoyando con su silencio.
Es que el argumento para concretar el bombardeo misilístico fue destruir supuestos arsenales químicos que nunca aparecieron. Irak está sobre un mar de petróleo, que se sospecha haya sido el verdadero motivo de esta guerra, además de originar una “limpieza” de armas, agradecida por la industria armamentista de estos países. Los arsenales químicos, nunca aparecieron.
Quienes pagaron el precio de esta locura fue precisamente el pueblo iraquí, el que ya se hallaba sometido a las atrocidades del dictaor de turno, Sadam Hussein.
Esto sirve para explicar por qué preferimos no pronunciarnos aún en este complejo tema, en el que se amalgaman intereses tan diversos e ideologías tan diversas que incluye el Movimiento Hamas, el Estado Islámico (ISIS), Irán, Rusia, Estados Unidos y sus aliados.
Es que hoy es fácil iniciar un ataque con armas que lleven a la opinión pública a pensar que es el enemigo quien inicia la atrocidad.
Por aquello de que “el quemado con leche ve la vaca y dispara”, preferimos tener más información fidedigna, creíble, comprobada antes de dar a conocer una posición concreta.
Lo curioso de esto es que ninguna de las dos potencias parece darle importancia a los verdaderos argumentos que se manejan para originar esta guerra. Como si no importara.
En tanto las víctimas son siempre las mismas, niños, mujeres y hombres inocentes que nada saben incluso sobre los intereses que están detrás de esta locura de horror, sangre inocente y muerte.
Esta masacre, que comienza como algo “aceptable” y hasta casi inocente como es el ataque a bases militares, supuestos almacenes de elementos químicos y se envuelve en el silencio de sus participantes, determina como siempre, el horror que se extiende y la sangre inocente que se derrama.
No olvidemos que detrás de todo esto hay intereses: que las armas se fabrican para usarse y si no se las usa se acumulan.
Que los verdaderos intereses difícilmente se llegan a conocer y que además de la sangre inocente que es el costo principal, “alguien” hace negocio, y detrás de esta como en todas las últimas guerras, se pueden descubrir los verdaderos intereses, el de las potencias nucleares, como lo son Rusia, los EE.UU. y otros que se mantienen expectantes.
¡Ojalá no tengamos que lamentar más muertes inocentes, de niños, mujeres, ancianos y hombres pacíficos que nunca sabrán el por qué de esta locura demencial!
A.R.D.







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