La brecha que no debe acentuarse

Alejandro Atchugarry Bonomi, exministro de economía del Uruguay, hombre recordado porque tuvo que “ponerle el pecho a las balas” en ocasión de la gran crisis económica del 2002, hablando en reciente foro empresarial lanzó una advertencia muy delicada.
Uruguay tendrá que cambiar la pisada, sobre todo en educación, porque vamos hacia la acentuación del concepto de guetos.
Estos guetos (o barrios reservados para grupos étnicos, religiosos o económicos) de ricos (rodeado de todos los sistemas de seguridad conocidos, alarma, perros, cámaras, guardias privados y demás, que nunca alcanzarán para ponerlos totalmente a cubierto de los maleantes, y guetos de pobres (asentamientos y similares).
Proviniendo de quien proviene esta advertencia adquiere mucha importancia. Es la lectura de alguien no sólo que goza del respeto de todos los partidos políticos del país, sino que también es considerado un entendido en lo social, aspecto que le ha dado prestigio como un hábil articulador en el ámbito político.
Pero basta levantar un poco la mirada en lo que sucede a nuestro alrededor para notar que todo indica que precisamente la mirada de Atchugarry es acertada. Mientras que las personas de determinado nivel económico, empresarios, autoridades y gente de alto nivel adquisitivo, tiende a encerrarse en “su mundo”, rodeado de las máximas garantías contra la inseguridad, a su alrededor, a veces contra los muros mismo de estos barrios, se van levantando como hongos, de la noche a la mañana, los cinturones de pobreza, gente que se siente marginada, que por diversos motivos, jamás por uno sólo, siente que ya no tiene posibilidades de volver a integrarse a una vida comunitaria “normal”.
En el fondo, esto denota una brecha que se profundiza cada vez más y que no es buena para nadie. La cercanía física en realidad más que un acercamiento en deberes y derechos denota una ruptura. En ocasiones hasta se manifiestan ambiciones antagónicas e incluso ilegales.
Como muy bien lo manifiesta Atchugarry, el país dede desactivar estas “bombas” que se van instalando entre nosotros, porque incluso pueden aparecer radicalismos, en uno y otro lado que vean en el asesinato, el crimen o el exterminio, una forma “admisible” de terminar con la situación.
El camino es el respeto a las leyes y al orden. Que cada cual cumpla con la misma y sobre todo que lejos de dividirnos y separarnos, sepamos asumir la realidad y tratar de disminuir las diferencias.
Este es el único camino si pretendemos recuperar una sociedad pacífica y armónica.







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