La buena costumbre de recurrir a las urnas

En paz, con tranquilidad y con mucho respeto, así pretendemos que sea la jornada cívica que se habrá de cumplir hoy en nuestro país.
Los uruguayos, todos, somos conscientes y nos sentimos orgullosos de la educación cívica que nos distingue como pueblo civilizado.
Más allá de las ideas, de las convicciones, de los colores, cuando aún falta una instancia electoral, que se cumplirá el año próximo y que es la que nos involucra más de cerca a todos, mañana tendremos que seguir conviviendo, procurando vivir con mejores condiciones, con paz, con tranquilidad y tratando de que esta comunidad que integramos sea cada día mejor.
El desafío es a entender que la confrontación debería ser de ideas, de convicciones, y no de personas, ni de grupos.
No se trata de enfrentamientos, de confrontaciones bélicas, felizmente, sino de intercambio de opiniones, de convicciones y de confiabilidad. Eso es en el fondo lo que nos diferencia.
En resumidas  cuentas, sea cuál sea el resultado del acto eleccionario que se cumple hoy, mañana al encontrarnos con nuestros vecinos, con nuestros compañeros de trabajo, con nuestros conciudadanos en general, debemos de tener presente que somos precisamente conciudadanos,  que vivimos en el mismo país, que más allá de quien nos gobierne tenemos tareas comunes a llevar adelante si queremos forjar un pueblo culto, instruido y con genuinos valores  sociales.
Esta es la esencia de un pueblo democrático, de un  pueblo respetuoso de las ideas y de las personas, cuando se comparten valores que van desde la honestidad, la justicia y la verdad, a la igualdad y la solidaridad como esencia de la comunidad que integramos.
Seguramente que nuestra confianza estará depositada en diferentes personas, en diferentes planes y proyectos, cuestión que puede ser diferente mañana, porque en definitiva los seres humanos son falibles, en algún momento suelen fallar y entonces el ciudadano también puede cambiar en cuanto al depósito de su confianza.
Nada más acertado que aquello de que el poder desgasta y por lo tanto, seguramente que la posibilidad de que la ciudadanía también cambie de opinión, cambie de destinatario de su confianza y también en cuanto al camino que entiende que es el mejor y más adecuado para el desarrollo del país siempre es posible.
No lo olvidemos, porque desde mañana tendremos que seguir unidos y forjando codo con codo el país que pretendemos para nuestros hijos, nietos y demás descendientes.

En paz, con tranquilidad y con mucho respeto, así pretendemos que sea la jornada cívica que se habrá de cumplir hoy en nuestro país.

Los uruguayos, todos, somos conscientes y nos sentimos orgullosos de la educación cívica que nos distingue como pueblo civilizado.

Más allá de las ideas, de las convicciones, de los colores, cuando aún falta una instancia electoral, que se cumplirá el año próximo y que es la que nos involucra más de cerca a todos, mañana tendremos que seguir conviviendo, procurando vivir con mejores condiciones, con paz, con tranquilidad y tratando de que esta comunidad que integramos sea cada día mejor.

El desafío es a entender que la confrontación debería ser de ideas, de convicciones, y no de personas, ni de grupos.

No se trata de enfrentamientos, de confrontaciones bélicas, felizmente, sino de intercambio de opiniones, de convicciones y de confiabilidad. Eso es en el fondo lo que nos diferencia.

En resumidas  cuentas, sea cuál sea el resultado del acto eleccionario que se cumple hoy, mañana al encontrarnos con nuestros vecinos, con nuestros compañeros de trabajo, con nuestros conciudadanos en general, debemos de tener presente que somos precisamente conciudadanos,  que vivimos en el mismo país, que más allá de quien nos gobierne tenemos tareas comunes a llevar adelante si queremos forjar un pueblo culto, instruido y con genuinos valores  sociales.

Esta es la esencia de un pueblo democrático, de un  pueblo respetuoso de las ideas y de las personas, cuando se comparten valores que van desde la honestidad, la justicia y la verdad, a la igualdad y la solidaridad como esencia de la comunidad que integramos.

Seguramente que nuestra confianza estará depositada en diferentes personas, en diferentes planes y proyectos, cuestión que puede ser diferente mañana, porque en definitiva los seres humanos son falibles, en algún momento suelen fallar y entonces el ciudadano también puede cambiar en cuanto al depósito de su confianza.

Nada más acertado que aquello de que el poder desgasta y por lo tanto, seguramente que la posibilidad de que la ciudadanía también cambie de opinión, cambie de destinatario de su confianza y también en cuanto al camino que entiende que es el mejor y más adecuado para el desarrollo del país siempre es posible.

No lo olvidemos, porque desde mañana tendremos que seguir unidos y forjando codo con codo el país que pretendemos para nuestros hijos, nietos y demás descendientes.







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