La caminería: un problema de larga data

El calamitoso estado de la caminería rural en nuestro país es un mal endémico. Este mal se agravó desde el momento enque se produjo un auge de la producción agrícola, forestal y ganadera que demandó el tránsito de transportes de mayor porte y mayor tonelaje de transporte.
El mal estado de los caminos se debe a que es poco o nada lo que se ha hecho para encarar una solución de fondo en este tema. Hasta el momento todos los gobiernos departamentales, encargados de la caminería interna se han limitado a reparar y en alguna medida a mejorar la caminería, pero nunca se encaró una reestructura de fondo, por la sencilla razón que se requiere otro tipo de inversión.
Los caminos deben ser hechos a nuevo y levantados para que los desagües sean capaces de absorber rápidamente toda el agua de los “enchorradas” que deja la abundancia de lluvia.
Cuando se procede únicamente a reparar, a realizar un bacheo o incluso dar una capita de bitumen a la actual caminería, se sabe que este tipo de mejoras sólo durará un tiempo liitado, cuando lleguen las lluvias que aflojan todo el terreno y luego los pesados transportes se encargan de romper y dañar dejando a muchos de estos caminos inutilizables.
Seguramente que la salida no es fácil. Los gobiernos departamentales no tienen los recursos necesarios para proceder a levantar y recimentar estos caminos, además de dotarlos del sistema de desgüe necesario.
El Estado hasta hoy se ha limitado en proporcionar recursos complementarios que no son suficientes para hacer otra cosa que lo que se hace.
En algún momento se pensó en establecer el Impuesto a la Concentración de Inmuebles Rurales (ICIR), el que sería destinado prioritariamente a la caminería rural y en un ínfimo porcentaje a crear la Universidad Tecnológica, pero la declaración de inconstitucionalidad del mismo, determinó que esta vía se frustrara y los sustitutos que se han hallado no han conseguido mejorar la situación anterior de escasez de recursos.
Hoy todos los intendentes del país, conjuntamente con la presidencia de la República se involucran en el estudio de una solución de fondo para el tema. No dudamos que aquí la única salida requiere del aporte de todos los sectores, quienes usan la caminería en primer lugar, pero también del Estado como tal y de los gobiernos departamentales.
La cuestión es determinar en qué medida debe aportar cada sector para hacer viable esta solución y si se está en condiciones de hacerlo.
Nada fácil por supuesto, porque lo que no se ha hecho en cerca de 200 años de nación, no resulta nada fácil planificarlo y hacerlo en un corto período de gobierno, pero seguramente con los estudios correspondientes puede ir dándose pasos graduales hacia una solución definitiva.

El calamitoso estado de la caminería rural en nuestro país es un mal endémico. Este mal se agravó desde el momento enque se produjo un auge de la producción agrícola, forestal y ganadera que demandó el tránsito de transportes de mayor porte y mayor tonelaje de transporte.

El mal estado de los caminos se debe a que es poco o nada lo que se ha hecho para encarar una solución de fondo en este tema. Hasta el momento todos los gobiernos departamentales, encargados de la caminería interna se han limitado a reparar y en alguna medida a mejorar la caminería, pero nunca se encaró una reestructura de fondo, por la sencilla razón que se requiere otro tipo de inversión.

Los caminos deben ser hechos a nuevo y levantados para que los desagües sean capaces de absorber rápidamente toda el agua de los “enchorradas” que deja la abundancia de lluvia.

Cuando se procede únicamente a reparar, a realizar un bacheo o incluso dar una capita de bitumen a la actual caminería, se sabe que este tipo de mejoras sólo durará un tiempo liitado, cuando lleguen las lluvias que aflojan todo el terreno y luego los pesados transportes se encargan de romper y dañar dejando a muchos de estos caminos inutilizables.

Seguramente que la salida no es fácil. Los gobiernos departamentales no tienen los recursos necesarios para proceder a levantar y recimentar estos caminos, además de dotarlos del sistema de desgüe necesario.

El Estado hasta hoy se ha limitado en proporcionar recursos complementarios que no son suficientes para hacer otra cosa que lo que se hace.

En algún momento se pensó en establecer el Impuesto a la Concentración de Inmuebles Rurales (ICIR), el que sería destinado prioritariamente a la caminería rural y en un ínfimo porcentaje a crear la Universidad Tecnológica, pero la declaración de inconstitucionalidad del mismo, determinó que esta vía se frustrara y los sustitutos que se han hallado no han conseguido mejorar la situación anterior de escasez de recursos.

Hoy todos los intendentes del país, conjuntamente con la presidencia de la República se involucran en el estudio de una solución de fondo para el tema. No dudamos que aquí la única salida requiere del aporte de todos los sectores, quienes usan la caminería en primer lugar, pero también del Estado como tal y de los gobiernos departamentales.

La cuestión es determinar en qué medida debe aportar cada sector para hacer viable esta solución y si se está en condiciones de hacerlo.

Nada fácil por supuesto, porque lo que no se ha hecho en cerca de 200 años de nación, no resulta nada fácil planificarlo y hacerlo en un corto período de gobierno, pero seguramente con los estudios correspondientes puede ir dándose pasos graduales hacia una solución definitiva.