La “ceguera blanca”, detectada por Saramago

El escritor portugués José Saramago, Premio Nobel de Literatura 1998, definió magistralmente la realidad social de la actualidad que predomina en muchas partes del mundo como “la ceguera blanca”, en su “Ensayo sobre la Ceguera”, novela corta a la que definía como «la novela que plasmaba, criticaba y desenmascaraba a una sociedad podrida y desencajada».
La pluma magistral de Saramago fue capaz de profundizar más allá de lo superficial para hacernos ver la realidad de un mundo preocupado nada más que por su propia subsistencia, un mundo que sólo es capaz de producir consumidores a cualquier precio, depredadores y devastadores a quienes no les importa las consecuencias de sus acciones.
Esta y no otra es la verdadera realidad que tenemos hoy, una sociedad a la que no le importan como viven sus cohabitantes de la tierra, cómo está incidiendo sobre la naturaleza ni como quedará el planeta tras su intervención, si es que queda algo habitable.
No estamos pintando una realidad apocalíptica, sino sencillamente tratando de alertar sobre los verdaderos resultados de nuestra acción humana.
De seguir obrando como lo hemos hecho hasta ahora, motivados por el “hacé la tuya”, que rige a todo nivel, entonces pobre de las generaciones que habrán de seguirnos.
Saramago en su ensayo nos habla de aquellos ciegos que no padecen ninguna deficiencia física, pero que aún así “miran”, sin ver. No son capaces de ver realmente lo que está pasando a su alrededor, porque en realidad sólo ven con “los ojos” que le han impuesto y por lo tanto a lo único que aspiran es a satisfacer sus propios intereses, para nada comunitarios, ni menos solidarios, precisamente.
Hoy es usual encontrarnos con las ambiciones personales o grupales, que aspiran prioritariamente a lo económico, a la búsqueda de los denominados “bienes materiales”, que no es otra cosa que la expresión del tener y tener, cuanto más mejor…
Lamentablemente si no rectificamos el rumbo nos espera un futuro miserable, un mundo donde los que nos sucedan deberán aprender a vivir con lo que quede del planeta, porque hoy no sólo hay muchas especies en extinción, seres vivos, animales y vegetales, sino también minerales y otros recursos que nos han sido regalados y el hombre se empeña en exterminarlos.
El agua contaminada y sin agua no hay vida; el aire contaminado por un smog que avanza día a día, los suelos fértiles que se están volviendo desérticos a fuerte ritmo.
Reiteramos, no es nuestra intención enviar con esto un mensaje apocalíptico, sino sencillamente tratar de alertar que este no es el camino correcto.
Alberto Rodríguez Díaz







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