La convivencia con el río Uruguay

El pasaje del río Uruguay frente a la costa salteña debe ser uno de los atractivos naturales más llamativos que tiene Salto. Los atardeceres junto al río en nuestra ciudad son famosos en el mundo entero.
Sin embargo la convivencia con el río tiene sus particularidades y no todos los pobladores que se afincan en “territorio” alcanzado por el río en algunas de sus salidas de cauce son conscientes o están informados de lo que esto suspone.
Quienes viven en la zona ribereña por opción, saben lo que esto significa y saben también que cuando el río crece no hay nadie que lo detenga.
Estas personas saben que deben estar preparadas para ello y admiten que en estas ocasiones no tienen otra alternativa que dejarle el campo libre al agua para regresar cuando estas se hayan tranquilizado.
Es el precio que tiene esta convivencia con el río, que en contrapartida les regala en el resto del año días espléndidos en que pueden disfrutar de una vista envidiable junto al río sobre todo en las noches veraniegas.
Pero esta convivencia que ha sido así desde el inicio mismo de la humanidad sobre la tierra, se ha visto complicada hoy pura y exclusivamente por la acción del hombre sobre el ambiente.
Desde la incidencia que tienen estas acciones en los denominados “fenómenos naturales”, es decir tormentas, abundancia de precipitaciones, huracanes, maremotos y hasta los movimientos telúricos, se han agravado por una humanidad despreocupada de las consecuencias de su conducta sobre el planeta que a menudo contribuyen en grado sumo a agravar estas situaciones.
Los gases invernaderos que afectan la atmósfera se siguen vertiendo sin mayores reparos. Hasta hoy hay poderosas naciones que se niegan a disminuir este “aporte” nocivo a la atmósfera.
Muchos científicos atribuyen los desórdenes de los fenómenos denominados del “niño” y “la niña”, a este recalentamiento, precisamente el que se manifiesta en un régimen de lluvias excesivas o de prolongadas sequías.
En otro aspecto, cuando se dan períodos extensos sin crecientes el hombre se arriesga a construir casi en los cauces mismos del río, levantando murallones y rellenando terrenos que alguna vez terminan siendo “reclamados” por las aguas desbordadas.
Por lo tanto, quienes se asientan en zonas inundables deben tener claro que alguna vez el río les reclamará estos terrenos, como parte de su cuenca y deben saber también que es este un “fenómeno” que tiende a agravarse.
De allí que entendemos que es importante hallar la forma de habitar fuera de esta cuenca, porque para convivir se debe respetar y de allí que tengamos muy claro que este territorio a lo sumo lo podremos tomar “prestado” para disfrutarlo en paseos públicos, pero no para asentarnos permanentemente en él porque es del río.
Quien no lo entienda, o aún quien se ubique allí por necesidad,  debe asumir de por sí que estará siempre sometido a que el río se lo reclame.

El pasaje del río Uruguay frente a la costa salteña debe ser uno de los atractivos naturales más llamativos que tiene Salto. Los atardeceres junto al río en nuestra ciudad son famosos en el mundo entero.

Sin embargo la convivencia con el río tiene sus particularidades y no todos los pobladores que se afincan en “territorio” alcanzado por el río en algunas de sus salidas de cauce son conscientes o están informados de lo que esto suspone.

Quienes viven en la zona ribereña por opción, saben lo que esto significa y saben también que cuando el río crece no hay nadie que lo detenga.

Estas personas saben que deben estar preparadas para ello y admiten que en estas ocasiones no tienen otra alternativa que dejarle el campo libre al agua para regresar cuando estas se hayan tranquilizado.

Es el precio que tiene esta convivencia con el río, que en contrapartida les regala en el resto del año días espléndidos en que pueden disfrutar de una vista envidiable junto al río sobre todo en las noches veraniegas.

Pero esta convivencia que ha sido así desde el inicio mismo de la humanidad sobre la tierra, se ha visto complicada hoy pura y exclusivamente por la acción del hombre sobre el ambiente.

Desde la incidencia que tienen estas acciones en los denominados “fenómenos naturales”, es decir tormentas, abundancia de precipitaciones, huracanes, maremotos y hasta los movimientos telúricos, se han agravado por una humanidad despreocupada de las consecuencias de su conducta sobre el planeta que a menudo contribuyen en grado sumo a agravar estas situaciones.

Los gases invernaderos que afectan la atmósfera se siguen vertiendo sin mayores reparos. Hasta hoy hay poderosas naciones que se niegan a disminuir este “aporte” nocivo a la atmósfera.

Muchos científicos atribuyen los desórdenes de los fenómenos denominados del “niño” y “la niña”, a este recalentamiento, precisamente el que se manifiesta en un régimen de lluvias excesivas o de prolongadas sequías.

En otro aspecto, cuando se dan períodos extensos sin crecientes el hombre se arriesga a construir casi en los cauces mismos del río, levantando murallones y rellenando terrenos que alguna vez terminan siendo “reclamados” por las aguas desbordadas.

Por lo tanto, quienes se asientan en zonas inundables deben tener claro que alguna vez el río les reclamará estos terrenos, como parte de su cuenca y deben saber también que es este un “fenómeno” que tiende a agravarse.

De allí que entendemos que es importante hallar la forma de habitar fuera de esta cuenca, porque para convivir se debe respetar y de allí que tengamos muy claro que este territorio a lo sumo lo podremos tomar “prestado” para disfrutarlo en paseos públicos, pero no para asentarnos permanentemente en él porque es del río.

Quien no lo entienda, o aún quien se ubique allí por necesidad,  debe asumir de por sí que estará siempre sometido a que el río se lo reclame.