La cuestión carcelaria

El nuevo comisionado parlamentario, abogado y periodista Juan Miguel Petit, de origen colorado, ha recibido la unánime aprobación del Parlamento uruguayo para desempeñar el cargo.
En este tema existe un aspecto que entendemos ha sido acertado. En los dos últimos períodos de gobierno, en que se ha puesto en funcionamiento el sistema, la función ha sido confiada a un profesional de ascendencia opositora. El primero fue el abogado Álvaro Garcé, quien renunció para ser candidato a la Intendencia de Montevideo por el flamante Partido de la Concertación y ahora el segundo en desempeñar la función es el Dr. Juan Miguel Petit.
El tema carcelario es harto complejo, en todas partes del mundo, prueba de ello, es que en los hechos la posible recuperación de un presidiario no convence al ciudadano común.
Es que se han hecho encuestas entre empresarios y personas en general de la comunidad a las que se les ha preguntado si tomarían en su empresa a un exconvicto supuestamente recuperado y una enorme mayoría ha dicho que no.
La situación no es sencilla, es que la población mira con recelo las posibilidades de recuperación de un procesado y mientras no confíe plenamente en él, menos aún confiará en sus resultados.
Existe una alta reprobación popular incluso a los proyectos para dotar de recursos a estos proyectos de recuperación, que pasan por planes educativos y de enseñanza de oficios a los procesados.
Nadie puede negar que en este sentido se han dado pasos en el país, pero la cuestión es evaluar y saber adónde nos llevarían estos proyectos y en qué tiempo, suponiendo que se esté en el camino correcto.
Pero la realidad indica otra cosa. En primer lugar, creer que toda la población carcelaria muestra el mismo interés en recuperarse socialmente, es comenzar a errarle desde el principio. La realidad indica que un alto porcentaje no tiene interés o bien le es indiferente esta posibilidad.
El alto consumo de estupefacientes existe en las cárceles y la corrupción policial existente detrás de esta situación es claro indicio de esto.
Creer que los planes educativos o de formación de trabajadores especializados serán la herramienta adecuada para sacar a todos ellos del camino delictivo, sería ser demasiado ingenuos.
Esto no quita que se haga el máximo esfuerzo para recuperar a todos los reclusos que desean cambiar de vida, que desean recuperarse y vivir de otra manera, que también los hay y no son pocos y asegurarnos de que tengan posibilidades de hacerlo es importante. Pero creer que esto va a solucionar de raíz el problema es una utopía.