La cuestión de las armas de fuego

En nuestros días se ha planteado una interesante discusión. Está referida a la tenencia y el uso de armas de fuego en los hogares uruguayos.

El caso de un niño de ocho años, que fuera baleado por un hermano de 5 en la ciudad de Artigas, reactivó esta discusión. El desarme tiene tantos defensores como detractores. Vale decir que en el fondo lo que está en juego es la inseguridad que siente el ciudadano y las precauciones que cada uno entiende debe adoptar como forma de defenderse y defender mejor a su familia.
Anualmente es importante la cantidad de armas de fuego que se consigue retirar de manos de la población civil, pero de todas formas la cantidad de armas de fuego en poder de la población uruguaya sigue siendo muy alta.
Lo peor de todo esto es que el problema de la posesión de las armas de fuego es precisamente “quien” las tiene.
Es sabido que se puede obtener un arma de diversas maneras y uno de los canales de uso más frecuente es el denominado “mercado negro”. Allí los uruguayos acostumbran a comprar un arma, la que habrán de poseer en general sin ningún tipo de documentación, ni de permiso para tener ni menos para portar un arma.
Estas armas generalmente en manos inexpertas y no apropiadas para tenerlas, se guardan en lugares poco seguros (como en el caso de los niños protagonistas del reciente hecho en Artigas). Se guardan en condiciones no recomendables y sobre todo se dejan en casa cuando sale la persona que supuestamente sabe usarla o cuando salen todos los habitantes del domicilio y por lo tanto van a parar a manos de los delincuentes que entran a robar.
Más aún, la delincuencia en Uruguay ha hecho ostentación de armas pesadas, las que usa sólo la policía o el ejército nacional, armas robadas o compradas en el mercado negro y con ellas comete rapiñas y homicidios en grado más que preocupante.
La cuestión de fondo en este tema es la seguridad, cuanto más insegura se sienta la población, más pensará en tomar todas las medidas que crea conveniente, incluso armarse, para tratar de protegerse.
No somos partidarios de las armas de fuego, pero entendemos perfectamente a quienes optan por tenerlas. Es más creemos que debería de perseguirse la tenencia al punto de que quien ostente un arma sea pasible de duras sanciones, salvo que pruebe que la tiene por un uso profesional.
Las armas no aportan solución en definitiva y en definitiva, mientras no se consiga un clima de seguridad y de tranquilidad en que la población no piense en defenderse de cualquier forma no será posible el desarme.

A.R.D.







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