La cuestión es hasta donde lo permitiremos

La ley debe responder efectivamente a la necesidad de las personas que necesitan ser defendidas en cada caso, porque este es precisamente el objetivo del sistema jurídico y por lo tanto debe ofrecer garantías reales en este sentido.
Días atrás tuvimos conocimiento del caso de una madre de tres niños, que se trasladó a una vivienda de los barrios más polémicos de Montevideo y tras radicarse allí durante algunos días recibió un “mensaje” de la pandilla que tiene dominada la zona.
Se le decía, ni más ni menos que debía abandonar esa vivienda porque ellos “la necesitaban”.
En este caso, para el que se solicitaba ayuda a través de un medio capitalino, es explicable que esta madre hubiera abandonado el lugar, debido a que en caso contrario viviría un verdadero calvario, tanto ella como sus hijos. Vale decir los delincuents se salieron con la suya y la ley fue absolutamente ineficaz para brindar protección.
No parece que esto pudiera suceder en nuestro Uruguay, pero es así. La cuestión está en saber exactamente hasta donde permitiremos a estos malvivientes que se salgan con la suya.
Nuestros legisladores hasta el momento se han manejado con códigos que seguramente están atrasados, boletines viejos, y a la prueba está que hoy son moneda corriente los “ajustes de cuentas”, pero también otras acciones de estos delincuentes que tratan de hacerse dueños de determinadas zonas de las ciudades, mediante el miedo.
En Salto aún no conocemos estos casos, pero estamos seguros que tampoco están muy lejanos. Es más, conocemos vecinos de algunas “bocas” de venta de droga (a las que todos conocen, menos la policía), que se manifiestan cansados de los frecuentes hurtos, muchos de ellos cometidos en pleno día y aún con ocupantes dentro de las viviendas y saben que no pueden dejar sus domicilios sin ocupantes, porque seguramente habrán de ser blanco de robos.
Más de un autor de hurto ha manifestado abiertamente haber entregado su “botín” en este lugar, aunque la mayoría nada dice.
Esto es lo que no puede seguir pasando porque indica invariablemente que la delincuencia está ganando terreno y a la vez que se vuelve más peligrosa, se siente fuera de los límites de la ley y se sirven de estos aspectos.
No desconocemos el esfuerzo policial para tratar de desbaratar estas acciones, pero no obstante se siguen cometiendo y seguramente la única forma de enfrentarlas es con leyes que permitan efectivamente plantarse frente a los delincuentes y sacarles la información que se requiere, porque en caso contrario cada vez asistiremos a un mayor agravamiento de la delincuencia.







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