La decisión de albergar presos de Guantánamo

La confirmación de la llegada al Uruguay de los seis presos de la cárcel de Guantánamo, alcance que se manejaba desde varios meses atrás, constituye uno de los desafíos más importantes que ha asumido el gobierno de Mujica.

Independientemente del hecho de si son responsables de delitos graves o son inocentes, la sola decisión de darles albergue en nuestro país, ha despertado una polémica que ha trascendido los marcos políticos y sociales.

Uno de los argumentos que hemos escuchado reiteradamente a quienes se oponen a esta medida es que “no se trata de un problema de Uruguay”, en todo caso, la existencia de la cárcel de Guantánamo, las condiciones en que se halla la gente allí recluida, incluso uno de los reclusos traídos al Uruguay llevaba nueve años sin condena, es en todo caso un tema pendiente en los Estados Unidos y es al país norteño a quien interesa resolverlo.

Este argumento es pobre, es indudable que EE.UU. es el principal responsable de Guantánamo y es a quien más interesa resolverlo, pero esto no exime o no debería eximir al menos a ningún otro país, que se precie de interesarse por los problemas humanitarios, para sentirse ajeno al tema.

Entre los reclusos de Guantánamo que han llegado a Uruguay, se encuentra el ciudadano sirio que realizó una huelga de hambre en protesta por su encarcelamiento hace algunos meses.

A primera hora de la mañana de ayer domingo, autoridades de la embajada de Estados Unidos, de Cancillería y el Ministerio de Salud Pública recibieron a los detenidos, que llegaron al país sin la compañía de familiares. Al bajar del avión saludaron a las autoridades y se mostraron «muy contentos y emocionados», informaron las fuentes.

Cinco de los transferidos están en el Hospital Militar y uno en el Hospital Maciel. Se trata del grupo más numeroso de prisioneros de Guantánamo que se ha transferido desde 2009, y los seis que llegan a Uruguay son los primeros que arriban a Sudamérica, se ha señalado.

En el grupo se incluye a un hombre sirio que realizó una prolongada huelga de hambre como forma de protesta por su detención sin juicio; su caso se hizo público cuando llegó a la Justicia de Estados Unidos ya que sus abogados pedían que no fuera obligado a alimentarse, tal como lo estaba siendo a la fuerza por parte de los militares estadounidenses de la cárcel de Guantánamo.

Según el Nytimes el acuerdo con Uruguay estaba pronto para realizarse en marzo (2014) pero que en agosto “el presidente uruguayo dio marcha atrás”.

Entre los hombres transferidos se incluye a cuatro sirios, un ciudadano de Túnez y un palestino. Todos habían sido recomendados para ser liberados en 2009. Con su partida la población de presos de Guantánamo pasará a ser de 137 detenidos, 68 de los cuales ya están en la lista de aprobados para ser transferidos; muchos de ellos son yemeníes.

Uno de los sirios que llegó a Uruguay es Abu Wa’el Dhiab, que permaneció detenido durante 12 años sin juicio. Él es quien ha solicitado a la Justicia de Estados Unidos que le impida a los militares alimentarlo a la fuerza con técnicas invasivas que incluyen insertarle tubos en la nariz para introducirle líquido con suplementos nutricionales.

Sólo el tiempo será capaz de decirnos si Mujica estuvo acertado o no con esta decisión, pero algo es indiscutible. Ningún gobierno democrático del mundo puede considerarse ajeno a la situación de Guantánamo.

a confirmación de la llegada al Uruguay de los seis presos de la cárcel de Guantánamo, alcance que se manejaba desde varios meses atrás, constituye uno de los desafíos más importantes que ha asumido el gobierno de Mujica.
Independientemente del hecho de si son responsables de delitos graves o son inocentes, la sola decisión de darles albergue en nuestro país, ha despertado una polémica que ha trascendido los marcos políticos y sociales.
Uno de los argumentos que hemos escuchado reiteradamente a quienes se oponen a esta medida es que “no se trata de un problema de Uruguay”, en todo caso, la existencia de la cárcel de Guantánamo, las condiciones en que se halla la gente allí recluida, incluso uno de los reclusos traídos al Uruguay llevaba nueve años sin condena, es en todo caso un tema pendiente en los Estados Unidos y es al país norteño a quien interesa resolverlo.
Este argumento es pobre, es indudable que EE.UU. es el principal responsable de Guantánamo y es a quien más interesa resolverlo, pero esto no exime o no debería eximir al menos a ningún otro país, que se precie de interesarse por los problemas humanitarios, para sentirse ajeno al tema.
Entre los reclusos de Guantánamo que han llegado a Uruguay, se encuentra el ciudadano sirio que realizó una huelga de hambre en protesta por su encarcelamiento hace algunos meses.
A primera hora de la mañana de ayer domingo, autoridades de la embajada de Estados Unidos, de Cancillería y el Ministerio de Salud Pública recibieron a los detenidos, que llegaron al país sin la compañía de familiares. Al bajar del avión saludaron a las autoridades y se mostraron «muy contentos y emocionados», informaron las fuentes.
Cinco de los transferidos están en el Hospital Militar y uno en el Hospital Maciel. Se trata del grupo más numeroso de prisioneros de Guantánamo que se ha transferido desde 2009, y los seis que llegan a Uruguay son los primeros que arriban a Sudamérica, se ha señalado.
En el grupo se incluye a un hombre sirio que realizó una prolongada huelga de hambre como forma de protesta por su detención sin juicio; su caso se hizo público cuando llegó a la Justicia de Estados Unidos ya que sus abogados pedían que no fuera obligado a alimentarse, tal como lo estaba siendo a la fuerza por parte de los militares estadounidenses de la cárcel de Guantánamo.
Según el Nytimes el acuerdo con Uruguay estaba pronto para realizarse en marzo (2014) pero que en agosto “el presidente uruguayo dio marcha atrás”.
Entre los hombres transferidos se incluye a cuatro sirios, un ciudadano de Túnez y un palestino. Todos habían sido recomendados para ser liberados en 2009. Con su partida la población de presos de Guantánamo pasará a ser de 137 detenidos, 68 de los cuales ya están en la lista de aprobados para ser transferidos; muchos de ellos son yemeníes.
Uno de los sirios que llegó a Uruguay es Abu Wa’el Dhiab, que permaneció detenido durante 12 años sin juicio. Él es quien ha solicitado a la Justicia de Estados Unidos que le impida a los militares alimentarlo a la fuerza con técnicas invasivas que incluyen insertarle tubos en la nariz para introducirle líquido con suplementos nutricionales.
Sólo el tiempo será capaz de decirnos si Mujica estuvo acertado o no con esta decisión, pero algo es indiscutible. Ningún gobierno democrático del mundo puede considerarse ajeno a la situación de Guantánamo.