La defensa responsable del empleo

Los últimos datos de empleo dados a conocer por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) la semana anterior, revelan que el 7,7 por ciento de la población económicamente activa está desocupada. Esta cifra indica además un preocupante aumento de la desocupación en el país en los últimos meses.
Se señala que en el promedio de los últimos doce meses, 27 mil personas perdieron su trabajo y 18 mil intentaron sin éxito ingresar al mercado laboral. Convendría saber además de qué edad es la franja mayoritaria que se halla desocupada.
Esta realidad preocupa no sólo al gobierno y en el otro extremo a los sindicatos, sino que a todo trabajador que se precie de asumir responsablemente la realidad del momento que vive el país.
Es obvio que todos los trabajadores podemos radicalizarnos en la defensa de nuestros derechos, haciendo oídos sordos a la realidad país, como también en determinado momento de bonanza son los empresarios que pueden desconocer la situación del trabajador radicalizándose en la defensa de sus intereses, pero esta obstinación a nadie beneficia, más que a algún competidor.
La situación actual obliga a pensar con madurez, a asumir el desafío del diálogo, del compromiso y de la defensa de los intereses comunes más allá de los intereses individuales.
Radicalizarnos obstinadamente en este momento no conduciría a nada bueno. Tampoco serían buenas las consecuencias a mediano y largo plazo si el empresario o el gobierno mismo aprovechara la coyuntura para sacar provecho a su favor.
Las horas más difíciles en el campo laboral requieren de compromisos conjuntos, el trabajador asumiendo responsabilidad, produciendo lo máximo que puede y con la mejor calidad posible. El empresario extremando esfuerzos para competir en un mercado regional o internacional de por sí complejo en estas horas.
De ser atendido y asumido como corresponde, este desafío servirá para solidificar la relación obrero – patronal, para entender que en ambos casos hay derechos y responsabilidades y que este no es momento de pensar en otra cosa que no sea de mantenerse en el mercado sin perder derechos adquiridos.
No ignoramos que hay sectores que habrán de considerar esta posición como conformista, o tibia, no nos duelen prendas y no somos partidarios de las ideologías dogmáticas en este tema. Tanto obrero como patrón nos necesitamos y esto debe entenderse y asumirse de una vez por todas.
Alberto Rodríguez Díaz