La deuda ambiental

Mientras miramos para otro  lado el deterioro ambiental sigue y es una de las deudas más importantes que estamos obligados a encarar en nuestros días.
Tierra, aire y mar sufren las consecuencias de la irresponsabilidad de los seres humanos.
Las tierras fértiles cada vez más amenazadas por la conducta irresponsable de los hombres que  les explotan y someten a un agotamiento extremo, sin reparar de manera alguna en la preservación de estos recursos para las generaciones venideras, aunque aquí hay que reconocer que uruguay ha iniciado un programa destinado que pretende lograr un manejo responsable de este tema.
En el plano local, el proyecto de Salto Grande fue puesto en práctica cuidando – al menos en los papeles – el recurso ambiental. Fue por eso que se hizo toda una política  previa de salvataje de las especies de la fauna autóctona que fue posible sacar del lugar que luego fue ganado por el embalse de la represa y llevarla a  otros  lugares.
La premisa que escuchamos en aquel momento a los hombres a cargo de su ejecución era “no destruya el hombre lo que Dios le dio o vivirá en la miseria”.
Sin embargo, hubo algunos aspectos que escaparon a esta política y no funcionaron como se esperaba, o sencillamente se decidió no poner en práctica las previsiones correspondientes para evitar sus consecuencias, debido a su alto costo.
Uno de los ejemplos más elocuentes tiene que ver con las consecuencias de la erosión de las costas que ha mostrado y sigue mostrado el manejo de la represa aguas abajo de la central hidroeléctrica.
La primera señal la dio el río cuando a poco de comenzar a funcionar hubo que cambiar todo el sistema de los “dados” de disipáción, frente a las tomas de la central, por donde se evacúa el agua, debido a que no fueron suficientemente fuertes como para soportar la fuerza del agua evacuada a raudales.
Posteriormente el sube y baja de la masa de agua, produjo del manejo de la central de acuerdo a las necesidades de generación de energía,  enormes problemas a la costa, a la que se está llevando rápidamente, creando un doble problema. En primer lugar la pérdida de costa que amenaza incluso en algunos puntos específicos el paseo popular instalado en su entorno.
Pero al mismo tiempo, existe un segundo problema y es que el limo creciente que arrastra el río complica la vía de navegación y la hace cada vez más dificultosa.
En algún momento habrá que decidirse a encarar el tema, sea cual sea su costo económico, porque corremos el riesgo que el daño sea irreversible.
¡Ojalá  lo asumamos antes que sea demasiado tarde!

Mientras miramos para otro  lado el deterioro ambiental sigue y es una de las deudas más importantes que estamos obligados a encarar en nuestros días.

Tierra, aire y mar sufren las consecuencias de la irresponsabilidad de los seres humanos.

Las tierras fértiles cada vez más amenazadas por la conducta irresponsable de los hombres que  les explotan y someten a un agotamiento extremo, sin reparar de manera alguna en la preservación de estos recursos para las generaciones venideras, aunque aquí hay que reconocer que uruguay ha iniciado un programa destinado que pretende lograr un manejo responsable de este tema.

En el plano local, el proyecto de Salto Grande fue puesto en práctica cuidando – al menos en los papeles – el recurso ambiental. Fue por eso que se hizo toda una política  previa de salvataje de las especies de la fauna autóctona que fue posible sacar del lugar que luego fue ganado por el embalse de la represa y llevarla a  otros  lugares.

La premisa que escuchamos en aquel momento a los hombres a cargo de su ejecución era “no destruya el hombre lo que Dios le dio o vivirá en la miseria”.

Sin embargo, hubo algunos aspectos que escaparon a esta política y no funcionaron como se esperaba, o sencillamente se decidió no poner en práctica las previsiones correspondientes para evitar sus consecuencias, debido a su alto costo.

Uno de los ejemplos más elocuentes tiene que ver con las consecuencias de la erosión de las costas que ha mostrado y sigue mostrado el manejo de la represa aguas abajo de la central hidroeléctrica.

La primera señal la dio el río cuando a poco de comenzar a funcionar hubo que cambiar todo el sistema de los “dados” de disipáción, frente a las tomas de la central, por donde se evacúa el agua, debido a que no fueron suficientemente fuertes como para soportar la fuerza del agua evacuada a raudales.

Posteriormente el sube y baja de la masa de agua, produjo del manejo de la central de acuerdo a las necesidades de generación de energía,  enormes problemas a la costa, a la que se está llevando rápidamente, creando un doble problema. En primer lugar la pérdida de costa que amenaza incluso en algunos puntos específicos el paseo popular instalado en su entorno.

Pero al mismo tiempo, existe un segundo problema y es que el limo creciente que arrastra el río complica la vía de navegación y la hace cada vez más dificultosa.

En algún momento habrá que decidirse a encarar el tema, sea cual sea su costo económico, porque corremos el riesgo que el daño sea irreversible.

¡Ojalá  lo asumamos antes que sea demasiado tarde!







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