La educación, ese gran escenario de discusión

Ningún partido político, ni ninguna ideología puede renunciar a incidir en la educación pública, porque precisamente la formación que tenga la población uruguaya será determinante en la posibilidad de manejarla o al menos de influirla con ciertas ideas.
De allí que el educativo sea un tema polémico, permanentemente debatido y aún cuando haya movimientos o partidos políticos que se rasguen las vestiduras tratando de mostrarse totalmente “laicos” e inocuos en materia de educación, difícilmente se abstengan en forma total de deslizar alguna posición u opinión sobre los temas más polémicos.
Lo más cercano a la laicidad es el concepto impulsado desde los tiempos de Artigas mismo, en que se señalaba “sean los orientales tan ilustrados como valientes…”, contraseña elegida por el Prócer que ya indicaba su pensamiento en esta materia.
Es que Artigas desde aquellos tiempos ya comprendía que un pueblo sólo puede alcanzar la libertad si realmente tiene conocimientos, capacidad para discernir y analizar las ideas que se le presentan, directa o indirectamente.
La gran diferencia es que toda corriente de pensamiento o ideología que pretende “torcer” a su gusto y gana las bases de la educación, nunca manifiesta abiertamente sus intenciones, sino que las esconde bajo un manto de falsa democracia, de buenas intenciones y demás, aunque en realidad quienes realmente son los ideólogos de estas líneas de acción tiene aviesas intenciones con respecto a la educación.
Esta situación la manifiestan todos, desde la derecha, el centro y la izquierda, porque en realidad todos necesitan contar con la voluntad de la mayoría de los ciudadanos y por lo tanto éstos deben estar en sintonía con algunas ideas para ser “convencidos” de qué es lo más conveniente.
Es por eso que la educación, sus bases, su nivel, su orientación, es un tema de permanente discusión a todos los niveles.
En realidad el primer gran enemigo a vencer en este sentido es la ignorancia. Un pueblo con “pocas luces” es más fácil de manejar, es más fácil de convencer hacia cualquier ideología.
En cambio un pueblo ilustrado, con alto nivel de conocimientos y capaz de analizar los temas y ver más allá de lo que se le dice, resulta más difícil.
Esta es la cuestión y quiérase o no, ha sido y es la misma que se ha planteado en el pasado y sigue planteándose hoy y aún no terminamos de ponernos de acuerdo para convertir la educación en un tema de Estado, como debe ser.