La educación estancada

Días atrás leíamos una carta publicada por un lector de «El Observador», dando cuenta que poco antes de morir, Steve Jobs, fundador de la firma Apple, se reunió con el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama.
Aseguró -según consta en su biografía sostiene el lector – que la educación estaba terriblemente anticuada y se veía entorpecida por los reglamentos laborales sindicales.
Hasta que desaparezcan los sindicatos de profesores, no habrá esperanzas de lograr una reforma educativa.
Para él, los profesores deberían ser tratados como profesionales y no como trabajadores de una cadena de montaje industrial.
Los directores deberían tener  la capacidad de contratarlos y despedirlos basándose en la calidad, sostiene Jobs, según éste lector de El Observador. Es indudable que se trata de otra realidad desde todo punto de vista, aspecto que no puede ser obviado al momento del análisis, pero seguramente que el tema de la educación pasa ineludiblemente por el de la problemática de los docentes y del posicionamiento que asuman los gremios que los representan. Es indudable que no hay salida posible para el tema de la educación, seguramente el más caro e importante a la hora de pensar el futuro de una nación, sin la opinión y participación de los docentes.
Lo sabe el poder político y lo sabe el poder gremial, de los trabajadores sindicalizados. Esto determina que ambos intereses sean imprescindiblemente concurrentes y por lo tanto deban ser manejados con la responsabilidad que corresponde, anteponiendo el interés de los educandos y de la nación, a cualquier otro interés corporativo.
Una lectura objetiva o lo más cercana posible a este aspecto, nos muestra que hoy el tema está estancado. Es prácticamente imposible avanzar hacia una educación de calidad, que devuelva a nuestra educación al sitial que supo tener en el contexto internacional.
Hoy nadie se aparta ni un ápice de los intereses corporativos, nadie cede nada, que estime que puede jugarle en contra de la situación que ostenta.
A lo sumo se ha logrado mayor cohesión en la interna de algunos de estos intereses, lo que los vuelve más poderosos aún, pero en cuanto a la situación general de la educación en el país, estos pasos en lugar de mejorar y acercarnos a una enfoque nacional, a posiciones compartidas, crea mayores dificultades aún.
En algún momento deberemos entenderlo y más allá de los discursos – todos altruistas y dignificantes – tendremos que demostrar una verdadera actitud constructiva, alejada de los intereses particulares en el tema, cosa que por el momento no vislumbramos.

Días atrás leíamos una carta publicada por un lector de «El Observador», dando cuenta que poco antes de morir, Steve Jobs, fundador de la firma Apple, se reunió con el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama.

Aseguró -según consta en su biografía sostiene el lector – que la educación estaba terriblemente anticuada y se veía entorpecida por los reglamentos laborales sindicales.

Hasta que desaparezcan los sindicatos de profesores, no habrá esperanzas de lograr una reforma educativa.

Para él, los profesores deberían ser tratados como profesionales y no como trabajadores de una cadena de montaje industrial.

Los directores deberían tener  la capacidad de contratarlos y despedirlos basándose en la calidad, sostiene Jobs, según éste lector de El Observador. Es indudable que se trata de otra realidad desde todo punto de vista, aspecto que no puede ser obviado al momento del análisis, pero seguramente que el tema de la educación pasa ineludiblemente por el de la problemática de los docentes y del posicionamiento que asuman los gremios que los representan. Es indudable que no hay salida posible para el tema de la educación, seguramente el más caro e importante a la hora de pensar el futuro de una nación, sin la opinión y participación de los docentes.

Lo sabe el poder político y lo sabe el poder gremial, de los trabajadores sindicalizados. Esto determina que ambos intereses sean imprescindiblemente concurrentes y por lo tanto deban ser manejados con la responsabilidad que corresponde, anteponiendo el interés de los educandos y de la nación, a cualquier otro interés corporativo.

Una lectura objetiva o lo más cercana posible a este aspecto, nos muestra que hoy el tema está estancado. Es prácticamente imposible avanzar hacia una educación de calidad, que devuelva a nuestra educación al sitial que supo tener en el contexto internacional.

Hoy nadie se aparta ni un ápice de los intereses corporativos, nadie cede nada, que estime que puede jugarle en contra de la situación que ostenta.

A lo sumo se ha logrado mayor cohesión en la interna de algunos de estos intereses, lo que los vuelve más poderosos aún, pero en cuanto a la situación general de la educación en el país, estos pasos en lugar de mejorar y acercarnos a una enfoque nacional, a posiciones compartidas, crea mayores dificultades aún.

En algún momento deberemos entenderlo y más allá de los discursos – todos altruistas y dignificantes – tendremos que demostrar una verdadera actitud constructiva, alejada de los intereses particulares en el tema, cosa que por el momento no vislumbramos.