La educación requiere de una visión altruista

Cualquier  fuerza política atiende con sumo interés su propio futuro. De allí que la proyección en las generaciones futuras, comenzando por las más inmediatas, es uno de los asuntos más importantes para cualquiera de ellas.

Ahora bien, la única herramienta para seguir diseminando las ideas y los puntos de vista con los cuales cree que seguirá obteniendo el respaldo de la mayoría de la ciudadanía, es la educación.

De allí que este sea siempre uno de los temas más complejos e importantes en cualquier nación.

Uruguay vive hoy un cuello de botella en referencia a este tema. Todos los partidos políticos saben que la educación en el país pasa por malos momentos. La educación no está respondiendo a los desafíos de la hora.

Los altos índices de deserción, la poca preparación con que llegan los adolescentes a Secundaria y especialmente la escasa preparación también que se nota en la mayoría de los jóvenes que egresan de Secundaria o la UTU, pretendiendo hacer una carrera terciaria, constituyen una prueba irrefutable de que la educación en el país  pasa por un mal momento.

Pero lo más grave es que los partidos políticos no se ponen de acuerdo en cuanto a los aspectos básicos a acordar para hallar el camino de mejorar la educación.

El gobierno se ha dado determinado plazo (45 días) para lograr un acuerdo con los demás partidos políticos a efectos de impulsar un proyecto educativo único, que cuente con el consenso de todos.

Lograr este acuerdo es imperativo: Nada puede esperarse si las fuerzas que tienen que ver con la conducción de la educación en el país, siguen tirando cada uno para un lado diferente.

La conducción de la educación requiere de una visión altruista, que realmente apunte a fomentar el nivel educativo y la cultura general de nuestros jóvenes. Si tratamos de forzarlos a pensar de determinada forma, mediante programas que nos permitan esta manipulación, entonces difícilmente hallemos el camino correcto en beneficio de las futuras generaciones de uruguayos.

Hoy más que nunca se requiere una revolución educativa, un cambio esencial en la materia para que realmente nuestros jóvenes puedan ser formados y preparados para los desafíos que supone hoy la vida.

«Sean los orientales tan ilustrados como valientes…», sentenció el Prócer y ojalá seamos capaces de asumirlo, como corresponde.