La energía un valor estratégico

El futuro de Uruguay pasa por un cuello de botella muy difícil en materia de energía. Agotadas las posibilidades de hidroelectricidad, el crecimiento de la demanda depende hoy, sustancialmente de la energía que se produce a partir de los combustibles fósiles, por lo tanto finitos, que además de tener que importarlos, constituyen una espada de Damocles para la humanidad entera. Desde el gobierno anterior, en ocasión del ministerio de Industria y Energía que tuvo a su frente al Ing. Daniel Martínez, se ha apostado fuerte a la incorporación de energías renovables, esto es, la eólica, la energía solar y la que se obtiene a partir de biomasa, además de una fuerte apuesta también a la obtención de energía a partir del gas, cosas todas que aún no han llegado a aportar todo lo que de ellas se espera.
Al mismo tiempo se han llevado adelante campañas que apuntan al ahorro energético sobre todo en materia de iluminación, con aparatos más eficientes y en otros usos domésticos, como calefacción y aclimatación de la temperatura ambiente, uso en los que la energía solar puede servir de un complemento importante.
En estos momentos, aún cuando el río Uruguay ha repuntado en su nivel de aguas abajo, debido al pico de bajas temperaturas con que se está despidiendo el mes de agosto, la demanda de energía es tal que se está gastando bastante más agua de la que trae el río y por lo tanto el embalse de Salto Grande se halla metro y medio por debajo de su altura normal, que es de 35 metros.
Es que Salto Grande generando a pleno aporta la mayor parte de la energía que consume el país, pero cuando el caudal de agua que recibe es insuficiente le es imposible generar en estos niveles y la única forma de achicar el déficit es consumiendo más agua de la que recibe.
Bienvenida entonces la anunciada apuesta del gobierno nacional a invertir en la generación de energías renovables. La energía del viento (eólica), la del sol, la que se obtiene a partir de residuos vegetales, tiene todavía un largo camino para aportar en materia energética.
No es que descartemos los acuerdos energéticos que puedan hacerse en condiciones favorables en la región para conseguir energía, pero tampoco es de ignorar que esta dependencia energética no es lo más recomendable.
A la prueba está que a pesar de haber convenido hace ya bastante tiempo un precio con Paraguay, durante el anterior gobierno de Lugo, para cesión de energía paraguaya a nuestro país, nunca se pudo concretar debido a que para llegar a Uruguay debería de usar la red de transmisión argentina y el país “hermano”, nunca autorizó dicho pasaje.
De todas formas y aún sin este impedimento hoy difícilmente se podría mantener dicha interconexión debido a que el MERCOSUR ha suspendido la integración de Paraguay al bloque regional, dada la situación política de aquel país.
Por lo tanto, apostar a conseguir energía a partir de otras fuentes, parece lo más lógico y razonable.

El futuro de Uruguay pasa por un cuello de botella muy difícil en materia de energía. Agotadas las posibilidades de hidroelectricidad, el crecimiento de la demanda depende hoy, sustancialmente de la energía que se produce a partir de los combustibles fósiles, por lo tanto finitos, que además de tener que importarlos, constituyen una espada de Damocles para la humanidad entera. Desde el gobierno anterior, en ocasión del ministerio de Industria y Energía que tuvo a su frente al Ing. Daniel Martínez, se ha apostado fuerte a la incorporación de energías renovables, esto es, la eólica, la energía solar y la que se obtiene a partir de biomasa, además de una fuerte apuesta también a la obtención de energía a partir del gas, cosas todas que aún no han llegado a aportar todo lo que de ellas se espera.

Al mismo tiempo se han llevado adelante campañas que apuntan al ahorro energético sobre todo en materia de iluminación, con aparatos más eficientes y en otros usos domésticos, como calefacción y aclimatación de la temperatura ambiente, uso en los que la energía solar puede servir de un complemento importante.

En estos momentos, aún cuando el río Uruguay ha repuntado en su nivel de aguas abajo, debido al pico de bajas temperaturas con que se está despidiendo el mes de agosto, la demanda de energía es tal que se está gastando bastante más agua de la que trae el río y por lo tanto el embalse de Salto Grande se halla metro y medio por debajo de su altura normal, que es de 35 metros.

Es que Salto Grande generando a pleno aporta la mayor parte de la energía que consume el país, pero cuando el caudal de agua que recibe es insuficiente le es imposible generar en estos niveles y la única forma de achicar el déficit es consumiendo más agua de la que recibe.

Bienvenida entonces la anunciada apuesta del gobierno nacional a invertir en la generación de energías renovables. La energía del viento (eólica), la del sol, la que se obtiene a partir de residuos vegetales, tiene todavía un largo camino para aportar en materia energética.

No es que descartemos los acuerdos energéticos que puedan hacerse en condiciones favorables en la región para conseguir energía, pero tampoco es de ignorar que esta dependencia energética no es lo más recomendable.

A la prueba está que a pesar de haber convenido hace ya bastante tiempo un precio con Paraguay, durante el anterior gobierno de Lugo, para cesión de energía paraguaya a nuestro país, nunca se pudo concretar debido a que para llegar a Uruguay debería de usar la red de transmisión argentina y el país “hermano”, nunca autorizó dicho pasaje.

De todas formas y aún sin este impedimento hoy difícilmente se podría mantener dicha interconexión debido a que el MERCOSUR ha suspendido la integración de Paraguay al bloque regional, dada la situación política de aquel país.

Por lo tanto, apostar a conseguir energía a partir de otras fuentes, parece lo más lógico y razonable.







El tiempo

Ediciones anteriores

noviembre 2018
L M X J V S D
« oct    
 1234
567891011
12131415161718
19202122232425
2627282930  

  • Otras Noticias...