La esencia que no debemos perder jamás

La renuncia de Leonardo Haberkorn, docente de periodismo de la Universidad ORT, quien sostiene Me cansé de pelear contra los celulares, contra WhatsApp y Facebook. Me ganaron. Me rindo. Tiro la toalla, ha tenido una gran relevancia tanto en nuestro país, como del otro lado del Plata.
Aunque la carta fue escrita en diciembre pasado, hoy un nuevo empuje en la difusión ha levantado una gran polvareda.
Sin lugar a dudas que se debe a que plantea una realidad, total o parcial, la que evidentemente no se debería generalizar per es un desafío de mucha actualidad.
En primer lugar digamos que Leonardo Haberkorn es un periodista muy respetado, de excelente formación y sin duda alguna un docente muy calificado en materia de comunicación. Un docente capacitado, exigente, riguroso, y apasionado en su profesión, a quien pudimos disfrutar en su participación en uno de los cursos promovidos por la Universidad de la República y concretado en la Regional Norte, sede Salto.
Más allá de compartir o no la decisión de Haberkorn, entendemos que la cuestión de fondo es precisamente el desafío que significa la utilización de las nuevas tecnologías en comunicación.
En más de una oportunidad hemos sostenido que la incorporación de las nuevas tecnologías de la comunicación a la hora de la formación periodística, debe hacerse con una gran responsabilidad.
Esta responsabilidad es tanto del estudiante de comunicación, como de los docentes y de la propia orientación de las instituciones educativas, responsables de poner las l imitaciones que corresponden.
Nos extraña sobremanera que no se exija a los estudiantes durante las horas de clase que dejen los teléfonos móviles inhabilitados o incluso los depositen en determinados lugares.
Hacer uso de los mismos durante las horas de estudio, es en primer lugar una falta de respeto a los docentes, pero también es la mayor demostración de desinterés en lo que se está cursando.
No renegamos de las enormes ventajas que suponen las nuevas tecnologías en materia de comunicación, Internet, las redes sociales y demás, pero no significa que se pueda soslayar la esencia del periodismo, que es la formación, el conocimiento, la pasión por investigar y documentar.
La renuncia de Haberkorn sacude, a nuestro entender precisamente esta esencia. Si no logramos formar periodistas apasionados en esta bendita profesión, estaremos seguramente ante una paulatina degradación de algo tan caro al interés humano como es la información, veraz, investigada, chequeada e irrefutable, como es la que ha marcado el ritmo de la humanidad…
Alberto Rodríguez Díaz