La esencia sigue siendo la persona

En México también hay barrios privados y “countries”, dotados de sofisticados sistemas de alarmas, guardias privados y demás, sostuvo recientemente en Salto la periodista Sandra Vanessa Robles. En ellos viven precisamente los narcotraficantes, añadió.
Es la gran contradicción de nuestros días. Si hay alguien temible, capaz de hacer daño e incluso matar por la sencilla razón de que alguien se le ha puesto adelante de sus intereses, son precisamente los narcotraficantes.
¿Qué significa esto? Precisamente que ni en el más sofisticado reino donde abunda el dinero malhabido y todo tipo de riquezas, no hay nada que garantice la seguridad. Al contrario, también es habitual que aceche la violencia, el crimen de sicarios y similares.
Es que en este ámbito, donde no rige otro código que no sea el “hacé la tuya”, a cada paso hay alguien acechando. Así como se sube a la cúspide, sembrando horror y violencia, también puede ser bajado de un plumazo, o mejor dicho un balazo.
Los narcos a menudo se desprenden hasta de sus lugartenientes que han tenido siempre toda su confianza, por la sencilla razón de que saben que si alguien les ofrece más que lo que les dan los “capos”, frecuentemente son ellos mismos los encargados de traicionarlos o entregarlos.
Políticos, policías, jueces y demás son vulnerables para la corrupción que paga grandes sumas, como para el terror que imponen estos asesinos tanto directamente a quien o quienes se anteponen a sus intereses como a sus familiares, de los que conocen cada hábito.
Cuando varias décadas atrás amigos, de los que gustan analizar y profundizar los temas y hacer proyecciones más allá de lo superficial, nos afirmaban que las bases de la sociedad que se estaba gestando, cuando comenzaban a gestarse los entonces “cantegriles” de Montevideo, iban a derivar en una especie de cerco del “pobrerío”, alrededor de los barrios residenciales, nos sonó a una exageración.
Pronto nos dimos cuenta que tendrían razón. Los asentamientos que dejaron paso a aquellos cantegriles, se fueron formando en las proximidades de zonas comerciales o fabriles importantes, cuando no, contra los propios muros de los barrios privados, si es que se lo han permitido.
En algunos casos ha sucedido que fenómenos naturales afectan los barrios residenciales o las grandes extensiones comerciales y entonces se producen los saqueos, las acciones delictivas, promovidas por la misma “filosofía” del “hacé la tuya”. Si una tormenta o un tsunami cambia las reglas de juego, muchas de las personas que habitualmente se sienten marginadas ven la oportunidad de “hacer la suya” y obviamente que lo intentan al menos.
En alguna medida, están siempre al acecho y estos fenómenos permiten que afloren las ambiciones, que se han promovido desde la propia sociedad inculcando aquello del “hacé la tuya” y anteponiendo lo económico a cualquier otro aspecto. Esto es, conseguir dinero o poder de cualquier forma es la única premisa que se ha inculcado en ellos, porque la esencia sigue siendo la persona y lo que en ella inculquemos.

Alberto Rodríguez Díaz.







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