La esencia sigue vigente

Uno de los días más preciados para la humanidad. El 10 de diciembre de 1948 la Asamblea General de las Naciones Unidas firmó en Paris, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la que constaba de 30 artículos.
48 de las 58 naciones que integraban por entonces las Naciones Unidas aprobaron la Declaración, que tuvo la oposición esperada, de Sudáfrica (por entonces en pleno Aphartaid), la denominada Europa del Este, integrada por ocho países) y Arabia Saudita.
Aquel documento del cual mañana se habrán de cumplir setenta años, es un verdadero emblema para la humanidad. Luego de haber superado los conflictos mundiales, que tuvieron al mundo al borde del holocausto, cuando la ambición de algunos hombres costó millones de asesinatos y de muertes injustas y antojadizas.
Si tuviéramos que resumir los valores que resguarda esta Declaración diríamos que son dos: el Derecho a la vida y el Derecho a la libertad del individuo.
Obviamente que el Derecho a la Libertad debe ser seria y responsablemente sometido a límites, el único límite valedero y racional es el que surge del derecho de los demás individuos.
Lo que debiéramos hoy es revisar si realmente los gobiernos firmantes están cumpliendo con estos objetivos. El Derecho a la vida, para nosotros y de acuerdo a nuestro concepto, está hoy seriamente amenazado, cuando no lisa y llanamente negado, por el denominado derecho al aborto.
La libertad individual está también amenazada, en especial en aquellos regímenes totalitarios donde muchas veces en nombre de la libertad y de los derechos individuales se entiende necesario conculcar los derechos humanos, el derecho individual y legítimo de expresión.
Podría haber sido cualquier otra fecha, pero fue el 10 de diciembre de 1948 la fecha en que eligió la humanidad para recordar y recordarnos que cada ser humano tiene derecho a la esencia de la vida mismo.
Siendo una Declaración Universal, el documento no establece obligaciones concretas, ni sanciones, por la sencilla razón que no es ejecutiva, sino declarativa.
Fue adoptado para recordarnos que las ambiciones desmedidas siempre estuvieron en la base de las calamidades humanas.
El camino indicado es de la solidaridad, de la integración, de accionar en forma conjunta como única forma de lograr un mundo más justo, más equitativo y un mundo donde la soberbia y las ambiciones desmedidas, que están en la base de todas las penurias humanas, queden erradicadas definitivamente.
A.R.D.