La experiencia no debe desecharse

Se dice que los consejos de sabios en China atesoran en buena medida la sabiduría del pueblo más antiguo de la humanidad.
En esta civilización, los ancianos no sólo son respetados, sino que son motivo de frecuentes consultas de los más diversos temas. El sólo hecho de llegar a cierta edad es motivo suficiente para considerarlo como una suerte de reserva de sabiduría.
Es que los asiáticos no en vano han avanzado tanto en cuanto a incidencia en la civilización occidental. Hoy si nos detenemos a observar la procedencia de las importaciones de Uruguay, veremos que en buena medida llegan desde allá. La mayor parte de las motos que circulan hoy son chinas, pero también de la misma procedencia encontramos automóviles, maquinaria agrícola, electrodomésticos, herramientas y muchos más.
Para ellos uno de los mayores tesoros es la experiencia, el conocimiento empírico que se valora en cualquier campo. El de los oficios, el de la ciencia, el de la tecnología y mucho más en la religión y otras temáticas que tienen que ver con lo espiritual.
De allí que a la larga resulte muy difícil de competir con la producción china.
En nuestro país, es preocupante ver como se va perdiendo la experiencia, que despectivamente los enfoques modernos dejan de lado, sencillamente porque “eso es lo viejo”, “ya no tiene vigencia”. El presidente de la República dio a conocer tiempo atrás su opinión partidaria de darles de alguna manera la posibilidad a los jubilados en algunos oficios, de desempeñarse en  la vida activa, complementando los ingresos provenientes de su pasividad,  con la transmisión de conocimientos, en talleres y de otras formas.
Una idea seguramente interesante que en parte ha estado contemplada, aunque únicamente en el caso de los docentes, que constituyen una de las excepciones al impedimento que tienen los pasivos de desempeñar actividad dentro del sector de activos.
Nada mejor que el complemento proveniente de la experiencia en el desempeño de un oficio y el conocimiento de las nuevas tecnologías que permiten indudables ventajas en la materia.
Pero renunciar a una de estas dos posibilidades es sencillamente absurdo. A veces nos encontramos con gente de la tercera edad que de ex profeso renuncia a las nuevas tecnologías, la informática y otras opciones que hoy se van masificando a pasos agigantados entre la gente joven.
Es absurdo.
Tan absurdo, como la conducta de aquellos jóvenes que rechazan los consejos y las opiniones de los veteranos en el oficio. Les haría bien conocer aquella máxima que dice: el diablo sabe por diablo, pero más sabe por viejo.

Se dice que los consejos de sabios en China atesoran en buena medida la sabiduría del pueblo más antiguo de la humanidad.

En esta civilización, los ancianos no sólo son respetados, sino que son motivo de frecuentes consultas de los más diversos temas. El sólo hecho de llegar a cierta edad es motivo suficiente para considerarlo como una suerte de reserva de sabiduría.

Es que los asiáticos no en vano han avanzado tanto en cuanto a incidencia en la civilización occidental. Hoy si nos detenemos a observar la procedencia de las importaciones de Uruguay, veremos que en buena medida llegan desde allá. La mayor parte de las motos que circulan hoy son chinas, pero también de la misma procedencia encontramos automóviles, maquinaria agrícola, electrodomésticos, herramientas y muchos más.

Para ellos uno de los mayores tesoros es la experiencia, el conocimiento empírico que se valora en cualquier campo. El de los oficios, el de la ciencia, el de la tecnología y mucho más en la religión y otras temáticas que tienen que ver con lo espiritual.

De allí que a la larga resulte muy difícil de competir con la producción china.

En nuestro país, es preocupante ver como se va perdiendo la experiencia, que despectivamente los enfoques modernos dejan de lado, sencillamente porque “eso es lo viejo”, “ya no tiene vigencia”. El presidente de la República dio a conocer tiempo atrás su opinión partidaria de darles de alguna manera la posibilidad a los jubilados en algunos oficios, de desempeñarse en  la vida activa, complementando los ingresos provenientes de su pasividad,  con la transmisión de conocimientos, en talleres y de otras formas.

Una idea seguramente interesante que en parte ha estado contemplada, aunque únicamente en el caso de los docentes, que constituyen una de las excepciones al impedimento que tienen los pasivos de desempeñar actividad dentro del sector de activos.

Nada mejor que el complemento proveniente de la experiencia en el desempeño de un oficio y el conocimiento de las nuevas tecnologías que permiten indudables ventajas en la materia.

Pero renunciar a una de estas dos posibilidades es sencillamente absurdo. A veces nos encontramos con gente de la tercera edad que de ex profeso renuncia a las nuevas tecnologías, la informática y otras opciones que hoy se van masificando a pasos agigantados entre la gente joven.

Es absurdo.

Tan absurdo, como la conducta de aquellos jóvenes que rechazan los consejos y las opiniones de los veteranos en el oficio. Les haría bien conocer aquella máxima que dice: el diablo sabe por diablo, pero más sabe por viejo.