La familia en la mira

Uno de los temas que más nos preocupa en nuestros días es precisamente el futuro de la familia, núcleo esencial de la sociedad.
Hoy abundan las familias disueltas, los niños sin padre o sin madre y esto parece haberse naturalizado.
En nuestra época lo que más se tenía en cuenta en situaciones similares era precisamente la situación que deberían de enfrentar los niños. En breve consulta a gente de Primaria en estos días se nos aseguró que en algunas escuelas, sobre todo la de barrios carenciados, aunque también en zonas céntricas, la situación “normal” es de hijos de padres separados.
Esto es también una muestra del “hacé la tuya…”, no importa otra cosa que no sea nuestro propio placer. Aquella premisa de formar una familia y luchar por ella con la prioridad puesta en los hijos quedó olvidada.
Hoy da lo mismo cualquier cosa en materia de orientación sexual, la denominada “lucha de género” nos ha metido en la cabeza que lo mismo da todo. La sentencia de la biblia “Dios los creó hombre y mujer…” ha quedado totalmente olvidada.
Cuando se analiza la difícil situación de inseguridad en que vivimos, con delincuentes que cada vez más se manifiestan dispuestos a jugarse la vida con tal de despojar a otra persona de lo que tiene y adueñarse ellos, difícilmente se observa la situación en que han sido criados la gente joven que hoy es carne de cañón, está totalmente destruida por la droga y orientada hacia el “hacé la tuya” y de allí que le de lo mismo vivir o morir.
En alguna medida fueron abandonados a edades muy tempranas, porque cuando padre y madre se separan lo que menos suele importar son los hijos, los que quedan abandonados a su suerte y si no es por otros familiares,como tíos, abuelos o similares que generalmente no alcanzan a verlos convertidos en jóvenes ni mucho menos pueden acompañarlos en su crecimiento, ellos quedan totalmente abandonados a su suerte.
En estas ocasiones la escuela es la calle, con todos los vicios que suelen encontrarse en ella y un alto porcentaje termina en la cárcel donde el delito les absorbe y difícilmente puedan salir.
Es más fácil pedir penas “duras” para tratar de sacar del seno de la comunidad a estos jóvenes, que mirar realmente las causas y el origen que han tenido.
Felizmente todavía son casos de excepción, porque no somos de los que creemos que todos puedan ser rescatados y recuperados como individuos valiosos para la sociedad, pero tampoco estamos convencidos y enceguecidos de que la salida para esta situación debe llegar a través del endurecimiento de las penas, alcance que consideramos necesario, importante, pero nunca jamás solución de fondo para el problema porque en buena medida también nosotros tenemos parte de la culpa.

A.R.D.







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