La gobernabilidad imprescindible

A Wilson Ferreira Aldunate fue al primer político de los últimos años que le escuchamos explicar concretamente qué es tema de la  gobernabilidad imprescindible para cualquier gobierno.

Vale decir que para que un partido pueda gobernar necesita en forma imprescindible contar con mayoría parlamentaria, ya sea propia, es decir de su partido o mediante acuerdos o entendimientos que den formas a bloques parlamentarios.

Por estos días, más allá de quién gane las elecciones presidenciales, se está asegurando que no habrá mayoría parlamentaria para el  partido gobernante.

Es esta una posibilidad -de acuerdo a las encuestas – altamente factible. Esto obligaría al partido gobernante a dialogar, discutir y negociar la conformación de las mayorías parlamentarias.

De allí que la especulación de nuestros días, nos lleva a esta hipótesis y a la ineludible interrogante, ¿será bueno o será malo que nadie tenga mayoría parlamentaria  con sus propios votos?

Es sabido que hay leyes esenciales, como el presupuesto quinquenal del gobierno, donde se establecen todos los detalles, los fondos, su procedencia, y su destino para los planes de gobierno, que requieren de  una mayoría especial y por lo  tanto -como ya ha sucedido anteriormente- si no se alcanza esta mayoría para aprobar el presupuesto quinquenal,  las posibilidades de llevar a la práctica las promesas electorales efectuadas, los programas y políticas del partido gobernante se reducen.

Debe hallar la forma de gobernar mediante leyes específicas y puntuales que no requieran mayoría especial, pero de todas formas deben ser aprobadas por el parlamento y por lo tanto deben tener al menos mayoría simple.

Negociar significa llegar a un entendimiento, sobre todo en aquellos temas de mayor trascendencia, los que más allá de la  situación parlamentaria deberían ser motivo de políticas de Estado. Esto es, de acordarse y ser respetadas por quien esté en el gobierno.

En definitiva, este alcance puede ser beneficioso, siempre y cuando entendamos que los intereses del país deberían de anteponerse a cualquier interés partidario y más allá de toda especulación, deberíamos construir un país que tenga las bases echadas en los grandes temas.

Todo lo demás es discutible y siempre habrá posibilidades de cuestionarlo, pero por el bien de todos los uruguayos,  una vez por todas debemos hallar la forma de establecer políticas de Estado en temas como la educación, la seguridad, la salud, la economía.

De no hacerlo, nos estaremos perjudicando todos y favoreciendo precisamente a quienes  no deberíamos de favorecer, porque son quienes viven fuera de la ley, quienes especulan y engordan sus bolsillos a costilla del pueblo o quienes alevosamente pretenden priorizar sus propios intereses  individuales.

Tengámoslo presente.

Wilson Ferreira Aldunate fue al primer político de los últimos años que le escuchamos explicar concretamente qué es tema de la  gobernabilidad imprescindible para cualquier gobierno.
Vale decir que para que un partido pueda gobernar necesita en forma imprescindible contar con mayoría parlamentaria, ya sea propia, es decir de su partido o mediante acuerdos o entendimientos que den formas a bloques parlamentarios.
Por estos días, más allá de quién gane las elecciones presidenciales, se está asegurando que no habrá mayoría parlamentaria para el  partido gobernante.
Es esta una posibilidad -de acuerdo a las encuestas – altamente factible. Esto obligaría al partido gobernante a dialogar, discutir y negociar la conformación de las mayorías parlamentarias.
De allí que la especulación de nuestros días, nos lleva a esta hipótesis y a la ineludible interrogante, ¿será bueno o será malo que nadie tenga mayoría parlamentaria  con sus propios votos?
Es sabido que hay leyes esenciales, como el presupuesto quinquenal del gobierno, donde se establecen todos los detalles, los fondos, su procedencia, y su destino para los planes de gobierno, que requieren de  una mayoría especial y por lo  tanto -como ya ha sucedido anteriormente- si no se alcanza esta mayoría para aprobar el presupuesto quinquenal,  las posibilidades de llevar a la práctica las promesas electorales efectuadas, los programas y políticas del partido gobernante se reducen.
Debe hallar la forma de gobernar mediante leyes específicas y puntuales que no requieran mayoría especial, pero de todas formas deben ser aprobadas por el parlamento y por lo tanto deben tener al menos mayoría simple.
Negociar significa llegar a un entendimiento, sobre todo en aquellos temas de mayor trascendencia, los que más allá de la  situación parlamentaria deberían ser motivo de políticas de Estado. Esto es, de acordarse y ser respetadas por quien esté en el gobierno.
En definitiva, este alcance puede ser beneficioso, siempre y cuando entendamos que los intereses del país deberían de anteponerse a cualquier interés partidario y más allá de toda especulación, deberíamos construir un país que tenga las bases echadas en los grandes temas.
Todo lo demás es discutible y siempre habrá posibilidades de cuestionarlo, pero por el bien de todos los uruguayos,  una vez por todas debemos hallar la forma de establecer políticas de Estado en temas como la educación, la seguridad, la salud, la economía.
De no hacerlo, nos estaremos perjudicando todos y favoreciendo precisamente a quienes  no deberíamos de favorecer, porque son quienes viven fuera de la ley, quienes especulan y engordan sus bolsillos a costilla del pueblo o quienes alevosamente pretenden priorizar sus propios intereses  individuales.
Tengámoslo presente.






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