La guardia nacional: varios puntos a resolver

«Tirar la pelota para adelante», conseguir a lo sumo un poco más de tiempo con las cosas medianamente controladas es todo lo que podemos conseguir – a nuestro modo de ver – con la puesta en funcionamiento de una guardia nacional, como la que se ha proyectado.
También es inevitable que nos lleguen grandes problemas que necesariamente habrá que resolver antes que se presenten.
En primer lugar: ¿ qué atribuciones tendrá la guardia nacional?. Si se trata de militares, con las mismas atribuciones, lo primero a resolver será el límite del denominado «gatillo fácil», porque el riesgo es que cualquier ladronzuelo, niño a veces, termine baleado por la guardia.
¿Estamos dispuesto a asistir a estas acciones frecuentemente?. ¿Terminaremos «crucificando» a quien le haya baleado después que nosotros mismos les dimos estas atribuciones?.
No olvidemos que la militarización de las guardias perimetrales de las cárceles, ha tenido que asumir esta situación y no ha estado exenta de polémica.
El segundo problema, aunque parezca asumido, es el viejo resabio del recuerdo de lo que significó la militarización del país, cuando el golpe de Estado. Es probable que pisando ya cuatro décadas de aquel horror, las generaciones jóvenes y ya no tan jóvenes, no tengan mayor idea del horror que significó un país en manos de quienes no conocían otra ley que no fuera la que ellos mismos imponían.
Este aspecto parece estar previsto, con la limitación de número de efectivos de la guardia nacional, de las atribuciones de esta y de quienes tendrán la potestad de mando sobre ella.
Queremos señalar que una guardia nacional únicamente «decorativa», sin armas o sin autorización para usarlas, sería nefasto. Es probable que aún preparándola y adiestrándola lo mejor posible, sería temerario encomendarle el control de la delincuencia con esta desventaja.
No debemos olvidar que hoy estamos ante una delincuencia distinta, sin otro código que «el fin justifica los medios… «, porque la drogadicción no entiende de otra cosa que no sea la de obtener, por el medio que sea y al precio que sea, lo que le interesa tener y punto.
Destinar a su control y «disuasión» a una guardia únicamente «decorativa», desarmada o impedida de usar armas, que en el fondo es lo mismo, puede ser nefasto, contraproducente desde todo punto de vista, porque estaríamos mandando al matadero a estos hombres…
Por último, pero no por ello menos importante. No debemos perder de vista que la prevención, la disuasión y la represión incluso, son elementos imprescindibles en el control de la delincuencia, pero nunca llegarán a cambiar la situación, si no se acompañan con las medidas sociales correspondientes que eviten que se sigan «produciendo» delincuentes cada vez de menos edad y a su vez le den oportunidad a todos quienes cayeron en la delincuencia empujados o arrastrados por esta misma situación, la posibilidad de apartarse de ella, convirtiéndose en elementos útiles y positivos para la comunidad.
Por más que nos rechinen los dientes en algunos casos, sobre todo cuando hemos sufrido alguna acción aberrante en carne propia, esta es la cuestión.