La herida sigue abierta

En más de una oportunidad se nos ha acusado de ser rencorosos, de seguir insistiendo con la búsqueda de los desaparecidos. De pedir cuentas a quienes estuvieron sólo de un lado de la cuestión y de desconocer los delitos cometidos por quienes estuvieron del otro lado.
Por eso entendemos necesaria esta aclaración, hoy 20 de mayo cerca ya de los 50 años de que se registrara el golpe militar que instauró la dictadura en nuestro país.
Quien no vivió y diríamos padeció aquellos años, sin comerla ni beberla, jamás podrá entender nuestra posición. Pero una cosa tenemos muy claro. Los delitos son delitos, los asesinatos, las torturas y similares son y serán delitos sean quienes sean que los cometen y sea cual sea el argumento o la idea que se argumenta para justificar lo injustificable.
Pero en el caso de Uruguay una cosa es clara. Quien o quienes cometieron delitos, estuvieron casi todos -alguna excepción hay – presos y purgando las penas determinadas durante muchos años a veces sufriendo tormentos inhumanos.
No ignoramos que hubo crímenes de inocentes, cosa que no justificaríamos jamás, pero la diferencia es que las madres de estos muertos inocentes pudieron llorar a sus hijos muertos, saben dónde están, pueden arrimarles una flor, aunque esto no justificará jamás el crimen.
Pero la enorme diferencia, lo que mantiene abierta la gran herida que justifica las marchas de los 20 de mayo es que del otro bando jamás se admitió lo que se hizo y mucho menos dónde están o qué hicieron con ellos.
No tenemos duda alguna que aún hay personas que saben detalles de esto. Casi 200 detenidos desaparecidos, de los cuales unos pocos cuerpos han aparecido.
El paradero de los demás sigue cubierto por un gran pacto de silencio y olvidar o desconocer esto es hacerse cómplice. Es cobijar las acciones aberrantes que se cometieron en aquel momento.
No nos duelen prendas en esta situación, pero entendemos que todo aquel que viola, asesina, tortura o infringe la ley de cualquier manera debe responder ante la Justicia.
Es más cómodo hacer la vista gorda o ponerse del lado que calienta el sol, pero esto no es periodismo. Ocultar las cosas que no condicen con nuestras ideas y condenar a quienes cometieron crímenes, sean del bando que sean, no es periodismo, es cobardía y ojalá Dios nos de fuerzas para alejarnos de esta posición.
Por nuestros jóvenes, hijos y nietos a quienes hoy procuran engañar y convencer de que todo lo que se hacía estaba justificado, seguiremos adhiriendo a estas marchas que pretenden verdad y justicia.
Alberto Rodríguez Díaz.