La hora de Latinoamérica

Curiosa situación la que vivirá Latinoamérica a partir de pocos días más. En efecto, Brasil, el gigantesco país de América del Sur, comenzará el viraje hacia la derecha adoptado semanas atrás y liderado por Jair Bolsonaro, un exmilitar que tendrá también a colegas militares en los principales puestos de conducción de su gobierno.
En tanto México, el otro gigante de los países que integran América Latina, iniciará a su vez el giro hacia la izquierda encabezado por Andrés Manuel López Obrador.
Ambos tienen algo en común, vienen luego del fracaso de políticas opuestas. Mientras Bolsonaro surgió en forma explosiva en Brasil, tras el rotundo fracaso de los gobiernos de izquierda que encabezaron “Lula” da Silva primero y Dilma Rousseff, después, López Obrador llega en México luego que Enrique Peña Nieto lo venciera, por ínfimo margen que diera lugar a una severa polémica.
Ambos llegan también sabiendo que tendrán en la corrupción y la inseguridad sus principales enemigos.
Los izquierdistas gobiernos de Brasil fueron sacudidos por la corrupción de varios de sus principales líderes y del propio “Lula” da Silva cuya condena ha sido fijada en 12 años aún cuando sus fieles seguidores continúan discutiendo esta decisión, el pueblo brasileño les dio la espalda.
En México en tanto no sólo se trata de problemas de corrupción, sino esencialmente del enorme poder que ostentan las mafias del narcotráfico que tienen en la vecina “meca” del consumismo, como son los Estados Unidos de Norteamérica, el mayor consumidor y a su vez estas mafias son el mayor corruptor de gobiernos de Latinoamérica.
Tanto uno como el otro han expresado con claridad sus ideas y su pensamiento y no tenemos duda alguna que su conducción será totalmente diferente. Índice elocuente de ello es la posición adoptada por cada uno con respecto a Venezuela.
Mientras López Obrador no dudó en fotografiarse junto a Evo Morales (Bolivia) y Nicolás Maduro (Venezuela); Bolsonaro ha dicho claramente que será intransigente con el régimen de Venezuela al que condena.
Dos posiciones antagónicas, dos gobiernos seguramente muy diferentes que tendrán que responder a la confianza depositada por sus pueblos. Lo llamativo y lo particular es que precisamente la diferencia radica en las ideas, demostrando que a pesar de las diferencias, hay valores que no se negocian, que identifican tanto a unos como a otros, aunque ponerse de acuerdo y transitar los mismos caminos sean por el momento una utopía.
A.R.D.







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